miércoles, 25 de marzo de 2009

RICHARD MATHESON

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Richard Matheson (1926) es, sin duda, uno de los escritores del género fantaterrorífico más importantes de la 2ª mitad del siglo XX, y quizá, de esta etapa, junto con Philip K. Dick, uno de mis (muchos) favoritos.
Si hoy me ocupo de él, es para hacer un pequeño repaso (muy breve para lo que merecería) de su intensa relación con el cine, a través, tanto de adaptaciones suyas a la gran pantalla (y a la pequeña, también) como de guiones realizados por él sobre textos de otros autores.

Tenía dudas de si hacer un repaso siguiendo la cronología su carrera literaria, pero en fin, este es un blog básicamente fílmico, asi que seguiremos el orden de sus comparecencias cinematográficas.

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Asi, en 1957, con guión del propio Matheson adaptando su libro escrito un año antes, llega El Increible hombre menguante (The incredible shrinking man), dirigida por Jack Arnold, maestro de la serie B, que convierte este título en una obra maestra del género; alternando elementos del cine de la Guerra Fría ( el protagonista empieza a encoger su tamaño sin parar después de ser afectado por una nube radiactiva de dudoso origen), reflexiones existenciales sobre la soledad y la supervivencia, y trazos de las Monster movies, cuando el protagonista, Grant Williams, ya diminuto, debe enfrentarse, sucesivamente, a su propio gato y a una araña.

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Durante los primeros 60, el autor realiza varias colaboraciones con el especialista del género Roger Corman, con los guiones de dos de sus mejores adaptaciones de Poe, La caida de la Casa Usher (1960), y El pozo y el péndulo (1961), y escribiendo La Comedia de los Terrores (1964).

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En 1964 llega la primera adaptación, y seguramente menos conocida, de su novela mas famosa, Soy Leyenda (I am legend), original de 1954. Es Last man on earth, casi inédita en España, dirigida por Sidney Salkow y Ubaldo Ragona (fue coproducción USA-Italia), y protagonizada por Vincent Price; como finalmente ocurrió con todos los films basados en este texto, se tomaron bastantes libertades sobre el original.

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Resumiendo el argumento, nos encontramos con alguien que se ha quedado solo en la Tierra tras ser afectada toda la humanidad por un virus que les ha convertido en vampiros. El protagonista, Neville (en el texto original al contrario que en las adaptaciones no tiene formación médica aunque la soledad le ha hecho acceder a muchos textos científicos y técnicos), sabe que estos seres no existen, y, de día, junto a algunos actos rutinarios, investiga porque las personas tienen esa sintomatología e incluso se desintegran cuando se les clava una estaca y huyen de las cruces o de los ajos, a lo que acaba encontrando una explicación racional; mientras, de noche, es acosado en el exterior de su casa por los enfermos, incluyendo un antiguo amigo o las mujeres que van a tentarle para que se una a ellos.
Hasta que un día se encuentra con otros aparentes supervivientes, como él.

Y bueno, no sigo, no voy a contar el final por si alguien quiere leer el libro o no conoce las adaptaciones; sobre este primer film basado en la novela destacar sobre todo que la estética y características de los vampiros fue utilizada luego por George A. Romero en la saga zombie que inició con Night of the living dead (1967) , con un blanco y negro igualmente inquietante.

Matheson, mientras tanto, escribió varios capítulos de la serie Alfred Hitchcock presenta y de la seminal The twilight zone, aquí conocida como Dimensión Desconocida, gran creación de Rod Serling sobre la que luego haré alguna consideración a raíz de su adaptación cinematográfica-homenaje en los 80.

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En 1968, escribe el guión de un titulo quizá poco conocido entre el gran publico, pero excelente, de la Hammer, The devil rides out, titulada en España La novia del diablo, basado en un libro de Dennis Wheatley, con dirección del ilustre veterano Terence Fisher e interpretaciones estelares de Christopher Lee y Charles Gray.

En 1970 llega una nueva adaptación de Soy Leyenda, The Omega Man, conocida aquí como El último hombre vivo, con el protagonismo de Charlton Heston.
Se trata de una película muy distinta a Last man on earth, el guión del matrimonio Corrington adapta el texto con muchas licencias, acercándolo más a un titulo de acción al servicio de su actor principal, en la línea de otras peliculas recientes en las cuales habia aparecido, como El Planeta de los Simios (Planet of the Apes, 1968) o que haría posteriormente, como Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973).

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Aquí los vampiros son reconvertidos en una especie de secta de mutantes albinos que visten hábitos negros y gafas de sol, y que tratan de eliminar cualquier vestigio de progreso y civilización, encarnados en un científico como el superviviente Neville, por considerarlos causantes de la situación actual, aunque tampoco quieren encontrar ningún tipo de remedio a su mal, pues la sociedad tal como la conocíamos es la que llevó al mundo a ese final. Curiosamente, su líder es Matthias, un antiguo presentador estrella de los informativos de TV (interesante reflexión social), eficazmente interpretado por el secundario Anthony Zerbe.
Con evidentes concesiones al género blaxplotation, que empezaba a estar en boga en aquel momento, y algunos tics (música, ambientación) fácilmente reconocibles de esos años, defectos que son agravados por la realización del mediocre Boris Sagal, director fundamentalmente televisivo que nos tortura con atroces y reiterados zooms en gran parte del metraje.
Pese a todo, es una película por la que siento bastantes simpatías, se deja ver como un entretenido cómic, y la estética de la que hablaba puede ser, en su caso, más virtud que defecto, siendo ideal para una entretenida noche de cine fantaterrorifico.

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Matheson vuelve a escribir el guión para El Diablo sobre ruedas (Duel, 1971), que se encarga de dirigir un chaval de apenas 25 años, poco curtido hasta entonces en alguna realización televisiva, llamado Steven Spielberg.
Esta historia de un camión (sin que sepamos nunca quien lo conduce) que, sin motivo aparente, y a raíz de un adelantamiento, comienza a perseguir a muerte a un comercial de vida gris que viaja camino de una reunión de trabajo por las carreteras del desierto de California, estaba planteada inicialmente como un telefilm, pero su gran éxito lo condujo a la pantalla grande y se convierte en un titulo de culto, anunciando muy proximos exitos comerciales para su director.

Siguiendo con la televisión, Matheson crea, con la colaboración del productor Dan Curtis, buen conocedor del género, el telefilm Kolchak: The night stalker, basado en una novela del semidesconocido Jeff Rice, que ni siquiera se habia publicado aún.
Kolchak es un periodista irónico y estrambótico, pero sagaz, siempre vestido con un sombrero de paja y un anticuado traje blanco, que se ve implicado en la investigación de casos sobrenaturales.


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En The night stalker nos encontramos con una ola de crímenes en la ciudad de Las Vegas, que, por sus caracteristicas, parecen obra de un vampiro. Por supuesto, nadie cree en esta posibilidad, excepto el inicialmente escéptico Kolchak, que acaba encargándose personalmente de la destrucción del no-muerto, todo ello de forma muy velada, pues en aquel momento imperaba una fuerte censura en la TV americana que apenas permitia que se pudiera ver sangre.

Como curiosidad decir que el actor que hacía de vampiro, que finalmente fue Barry Atwater, estaba previsto en principio que fuera Robert Quarry, intérprete en aquel momento en cine del Conde Yorga, personaje de varias secuelas americanas con estética setentera de las pelis de Dracula de la Hammer (en aquel año, por cierto, se estrenó la penúltima entrega de los films de la productora inglesa sobre el famoso conde interpretadas por Christopher Lee, Dracula 73, dirigida por Alan Gibson, al igual que la siguiente, Los ritos satánicos de Dracula, transcurriendo ambas también en época actual y con resultados olvidables).

El telefilm consiguió un record histórico de audiencia en la TV estadounidense en 1972 y planteó la consiguiente secuela, El estrangulador de la noche.

The night strangler resultó aún más logrado que su predecesor. En él de nuevo nos encontramos con mujeres asesinadas, en este caso por asfixia y en la ciudad de Seattle, con la característica de que se han encontrado junto a los cadáveres restos de carne corrompida. Kolchak comprueba que series de crímenes similares se han producido en la ciudad cada 21 años, desde 1889 aproximadamente. La investigación le lleva a descubrir que un médico de la época de la guerra de Secesión (refugiado en las ruinas de su hospital, que conducen a una especie de parte antigua de la ciudad oculta en el subsuelo) obtiene una especie de suero de la inmortalidad durante ese periodo de tiempo, extrayendo la sangre de sus victimas, y consiguiendo finalmente derrotarlo.

El enorme éxito de estos dos pilotos, que llegaron a emitirse en España en los años 80 y 90, llevó a la producción de una serie, en la que, incomprensiblemente, se prescindió de Matheson y Curtis, sin obtener los resultados deseados, lo que hizo que no pasara de la primera temporada.
Hoy en día es considerada una serie de culto, inspiradora de Expediente X como reconoce el autor de esta ultima, Chris Carter (y que incluyó en ésta un personaje llamado Richard Matheson); a raíz de la reposición exitosa de los dos episodios pilotos a principios de los 80, la cadena CBS contactó con el actor protagonista, Darren McGavin (un habitual secundario que obtuvo su mayor reconocimiento aquí) para un tercer telefilm, pero molesto por la retirada prematura de la serie en su momento, el proyecto se quedó en el tintero.

Matheson también ha escrito fantásticos más bucólicos como Somewhere in time (1980) o Mas allá de los sueños, protagonizado en su version cinematográfica de 1998 por Robin Williams.

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Otra de las obras más famosas de nuestro autor llegó a principios de los 70, La casa infernal.
Parecía una revisión de una novela de principios de los 60 de Shirley Jackson, The haunting of Hill House, aquí conocida como La mansión encantada y llevada magistralmente al cine en 1964 por Robert Wise (y de manera mediocre y con muchas libertades con el texto, por Jan de Bont en 1997).

Se trata de dos de las mejores novelas sobre casas con fenómenos paranormales, y de hecho, el original de Matheson se titulaba The Hell House, muy similar fonéticamente a su predecesora.

La adaptación cinematografica llegó en 1973 producida por James H. Nicholson, vinculado a la productora británica AIP, que fue, junto con la Amicus (especialista en películas de episodios, como Doctor Terror o unas cuantas basadas en comics de la EC), la gran rival de la Hammer en la hegemonía del terror inglés de aquellos años.
La dirección corrió a cargo de John Hough, que había realizado recientemente Dracula y las mellizas, ridícula traducción española de Twins of evil, última parte de una trilogía basada muy libremente en Carmilla, la clásica vampiresa de velados toques lésbicos que escribió Sheridan Le Fanu mucho antes que Bram Stoker pensara en el tema, y que empezaba a llevar a las pantallas la mezcla de erotismo y horror-movie pensada para salvar los muebles en taquilla, pero que en este caso resultaba un producto aún digno.
Después Hough continuó en el género con títulos muy menores como The Incubus, Aullidos 4 o un curioso fantástico british llamado Biggles, sobre viajes en el tiempo, mas algunas cosillas para la TV.

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En La leyenda... nos encontramos con cuatro personajes, a los que un millonario les promete una gran suma a cambio de descubrir el secreto de la mansión Belasco, en la que su antiguo propietario, Emeric Belasco, posiblemente un trasunto literario del famoso mago y satanista Alastair Crowley, practicó toda clase de ritos, orgías y prácticas malignas a principios del siglo XX, hasta que la casa quedó sellada y los que estaban allí se quedaron para siempre, llegando a practicar el canibalismo y falleciendo de inanición o diferentes enfermedades, siendo hallados después, con excepción del propio Belasco, del que nunca más se supo.
Desde entonces, habían ido varios equipos de investigadores que habían muerto o enloquecido en el intento.
La película, que en su momento fue denostada, se ha convertido con el tiempo en película de culto, aunque es mucho más comedida en elementos explícitos de sexo o violencia que el libro, pese a que el guión corre a cargo del propio Matheson.

A destacar la sobriedad de sugerir más que de mostrar, y la excelente labor de sus cuatro (arquetipos) protagonistas, el científico escéptico (Clive Revill) que pretende probar una máquina de su creación para eliminar la causa del encantamiento, que considera física, acompañado por su pusilánime esposa (Gayle Hunicutt), un psiquico que sobrevivió a la investigación de la casa en su adolescencia y decide volver (Roddy McDowall), y la jovencita médium que lleva el peso de la historia (Pamela Franklin, que tuvo unos años de fama en varios títulos de la materia y después desapareció del cine).



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En 1983, se realiza un film homenaje a The Twilight Zone, titulado por estos lares En los límites de la realidad, que es escrito en gran parte por Matheson, constando de cuatro episodios y una introduccion y epílogo, con una curiosa aparición terrorífica del actor Dan Aykroyd.

El primer capítulo lo dirige y escribe (es el único que no corresponde a un texto de Matheson) John Landis, entonces un director prometedor del género (Un hombre lobo americano en Londres, El monstruo de las bananas) y la comedia (Desmadre a la americana), contando la historia de un racista que, como penitencia, es obligado a pasar por diferentes épocas de la historia, sufriendo en la piel de otras razas. El episodio es tristemente famoso por el fallecimiento en accidente de helicóptero durante el rodaje del actor Vic Morrow (padre de la también actriz Jennifer Jason Leigh) y dos niños figurantes, y prácticamente, supuso el fin en el género de Landis, con la excepción del celebérrimo videoclip del Thriller de Michael Jackson.

El segundo episodio, peor aún, corresponde realizarlo a Spielberg, con el argumento de unos ancianos que vuelven a ser niños, aunque en su descargo hay que decir que no era el capítulo que se pretendía adaptar inicialmente, ya que se quiso dar algo de positividad a alguna de las historias.

Es en los dos últimos cortes cuando la cosa se pone realmente interesante, y hacen recomendable por sí solos el visionado del film. Joe Dante, en el tercero, describe la pesadilla de una chica que se ve obligada a refugiarse en la casa de una familia con un hijo que les tiene aterrorizados, pues puede manipular la realidad con su imaginación a su antojo.
Antológica la escena en que la hermana es comida por un dibujo animado (Los Looney Tunes siempre han sido una gran influencia para Dante), o cuando el padre, en un número de magia, saca un conejo monstruoso de una chistera.

Pero es el cuarto episodio el mejor y que justifica toda la pelicula. Dirigido por el australiano George Miller, entonces de plena actualidad por la saga Mad Max, revisa Pesadilla a 20.000 pies, en el que una especie de gremlin pretende boicotear un viaje en avión, siendo observado por un sólo pasajero ante la incredulidad del resto de viajeros (excelente labor de John Lithgow, si bien no supera al intérprete del capítulo televisivo original, William Shatner, el capitán Kirk de Star Trek).

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Después de ésto, y ya en épocas más recientes, destacar El último escalón, basado en una de sus primeras novelas, Stir of Echoes, dirigido por el interesante David Koepp, y como curiosidad, la chica fantasma es Jennifer Morrison, la Dra. Cameron de la serie House.

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Sobre la última adaptación de Soy Leyenda, que respeta el título de la novela, pero poco más, decir que es un vehículo para el lucimiento de Will Smith, lleno de incongruencias (Por ejemplo, el hecho de que desaparezca la humanidad no tiene porque implicar que haya leones en New York, ni siquiera los del zoo, porque nadie les puede sacar de la jaula, y no sé como van a cruzar el Atlántico. Y eso es sólo el principio...).

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Una pena, porque se habló de este proyecto durante muchos años, incluyendo nombres como Ridley Scott o Schwarzenegger. La elección de la ciudad de los rascacielos frente a la original de Los Angeles, resulta además sospechosa y claramente incluida dentro de la psicosis post 11-S.

Recientemente, en la temporada inicial de la serie Maestros del Terror (Masters of horror), se adapta un relato de Matheson (por parte de su propio hijo) en el episodio dirigido por Tobe Hooper, Dance of the dead, por otro lado uno de los más decepcionantes de una serie quizá con más sombras que luces, con sonadas y brillantes excepciones, sobre todo en lo que fueron estas primeras entregas.


Y concluyo así este repaso, seguramente mucho más corto de lo que merece el gran Matheson, pero creo que suficiente para entender su importancia dentro del género.

sábado, 28 de febrero de 2009

ALAN MOORE CONTRA HOLLYWOOD

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Para aquellos para los que el cómic sea un género casi desconocido, comenzaré diciendo, a modo de introducción, que el británico Alan Moore es una de las mayores instituciones de este mundillo, como guionista (si bien empezó como dibujante) de obras como Desde el infierno, La liga de los hombres extraordinarios, V de Vendetta o Watchmen, trabajando para las prestigiosas editoriales Marvel y DC (con las que también tocó el comic de superhéroes en el excelente Batman: la broma asesina o creando la serie del Capitan Britania). Aunque, dada su mentalidad, le ha gustado refugiarse mas de una vez en pequeñas editoriales independientes (sin abandonar nunca del todo las obras mayoritarias), pese a anunciar en 2003, coincidiendo con su 50 cumpleaños, una retirada.
En líneas generales podemos decir que ha tratado de dotar de una mayor estructura literaria a un género del que se supone que carece.

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Moore es un personaje excéntrico, aficionado a la magia, a la buena literatura, de ideología anarquista (que se refleja en algunas sus obras) y mas bien antisocial. Pese a las ganancias obtenidas con sus publicaciones y con los derechos cinematográficos de las adaptaciones de sus obras, sigue habitando su vieja casa de su ciudad natal, Northampton, que pretende convertir en una especie de palacio bizantino, rehuyendo el contacto de la prensa o de sus seguidores.

Pero, si por algo se ha caracterizado Moore, es, precisamente por renegar de las adaptaciones al cine de sus cómics (habria que añadir a las antes mencionadas la de Constantine, film dirigido por Francis Lawrence en 2005 y protagonizado por Keanu Reeves, y que se basa en un personaje secundario de su serie La cosa del pantano), hasta el punto de renegar de ellas, pedir que se le desvincule del proyecto o calificarlas literalmente como porquería, como sucedió en el caso de V de Vendetta.

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Vamos a detenernos en las dos adaptaciones mas recientes (La liga de los hombres extraordinarios, aunque continúa con ella, no es su mejor creación y su adaptación cinematográfica resultó bastante olvidable, aunque si ha servido para que algunos tengan interés en leer los libros en que se basan los personajes que aparecen en ella, ya podemos darlo por bueno).

V de Vendetta, escrita por Moore con dibujos de David Lloyd en 1985, y llevada al cine por James McTeigue en 2005, resultó muy cambiada respecto de la novela grafica original (el guión correspondió a los hermanos Wachowski, responsables de la saga Matrix), ya que por encima de los habituales cambios de personajes o situaciones (suprimidas o añadidas) que suelen producirse en estos casos, el espíritu de la obra se cambió totalmente, otorgándole un aire romántico y algo edulcorado respecto a la idea de Moore, lo que despertó sus iras y decidió renegar de ella y de los derechos futuros que le pudiera generar.


Hay que decir que, tanto V... como Watchmen son obras de mediados de los 80 y consecuencias de una situación politica concreta, como era el ultra conservadurismo del gobierno de Margaret Thatcher en Reino Unido o el de Reagan en USA, o la Guerra Fría, planteando un inmediato futuro en el que se imponen regímenes totalitarios, amenazas bélicas o serios recortes de libertades, resultando desgraciadamente visionarios en cuanto a algunos temas.
Ambas novelas gráficas son bastante duras en sus planteamientos, probablemente Watchmen lo es aún mas, plena de momentos violentos y escenas difíciles de digerir aún para el lector mas avezado como quien escribe esto, mostrando en ambos casos lo peor de la condición humana.

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En el caso de la adaptación de Watchmen, tuvo una gestación complicada, ya que el proyecto inicial que contaba con el visto bueno de Moore, iba a ser llevado a cabo por el director inglés Paul Greengrass (Bloody Sunday, El mito de Bourne, United 93), aunque también sonó Terry Gilliam (ex componente de los Monty Python y director, aparte de alguna de las películas de este grupo, de 12 monos, Las aventuras del Baron Munchausen, el Rey Pescador, Los hermanos Grimm o Miedo y asco en Las Vegas).
Finalmente (desgraciadamente diría yo), tras varios dimes y diretes, la adaptación cayó en manos de Zack Snyder, que ya se había encargado de llevar a la pantalla otra novela gráfica, el 300 de Frank Miller, con discretos resultados, y lo que ha planteado es una versión que se centra (y multiplica) en los elementos mas efectistas de la novela gráfica, conformando un producto mas que discutible, aunque algo mejor que su anterior experiencia.

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Alan Moore, en los Simpson. Arriba, firmando un autógrafo a Bart. Abajo, Milhaus sostiene un ejemplar de los Watchmen en versión infantil en el imaginario cómic "V de Vacaciones"


De todas formas habría sido de agradecer que los distribuidores no presentaran Watchmen como una convencional película de superhéroes apta para todos los públicos, pues luego en las salas probablemente se encuentren con sorpresas desagradables (no es una película para niños aunque muchos acudan erróneamente a las salas con ellos, tal vez ni siquiera para adolescentes). Aunque temas en los que incide la novela gráfica, como la moral, el determinismo, la megalomanía... parecen aquí quedar en segundo plano en detrimento del impacto visual, y nuevamente, al igual que en V de Vendetta, tomándose libertades en cuanto al final.

Por no hablar de los errores de casting: si en V..., Natalie Portman no me parecía adecuada para el papel (de entrada el personaje de Evey en el cómic es una joven desvalida que recurre en última instancia a la prostitución, mientras que en el film es una profesional de la TV, lo que ya lastra el planteamiento inicial), en Watchmen tampoco ha habido mucha mas suerte. Malin Akerman es otra modelo-no actriz que no da el perfil de su personaje, e intérpretes como Billy Crudup o Jeffrey Dean Morgan están especialmente desafortunados, o bien el guión no le ha dado a sus papeles los matices que tenían en su versión dibujada.

Con este panorama, no me extraña el permanente enfado de Moore. En fin, siempre nos quedará leer los comics.

CINE FANTASTICO-TERRORIFICO Y MUSICAL ¿UN BINOMIO IMPOSIBLE?

La pregunta del título me la sugirieron como posible motivo para un artículo, y efectivamente, me resultó difícil hallar ejemplos que combinaran ambos géneros, aparte de algunos que ya conocía con anterioridad y me vinieron inmediatamente a la cabeza, y otros que estarían en la frontera de aparecer aquí o no (¿podría incluirse por ejemplo El mago de Oz, de V. Fleming, con Judy Garland, o alguna antigua película Disney como Fantasía?). Además, el reciente estreno de Repo! The genetic opera (de la que incluyo el cartel aquí abajo), un curioso experimento de Darren Lynn Bousman, director de la saga Saw, con la inclasificable presencia en el reparto, en un papel secundario, de Paris Hilton, puso el tema de relieve. Así que decidí hacer una relación, no exhaustiva (ya que seguro que con una investigación a fondo se podrían hallar más), de este tipo de películas.

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Aparte de las citadas entre paréntesis como posibilidades, la primera que se me ocurriría cronológicamente sería Los 5000 dedos del Dr. T (Roy Rowland, 1953).
Película de culto que recuerdo me angustiaba de pequeño, por su ambiente de pesadilla, aunque, vista de adulto, pueda resultar un tanto pueril con todos esos números musicales casi de opereta, pese a que sigue siendo un producto imaginativo: Un niño que da clases de piano con un tiránico profesor, se queda dormido y sueña (no recuerdo si esto se sabe desde el principio o lo que vemos se presenta como real) que este es una especie de dictador que ha secuestrado a 500 niños en un fantasioso castillo para dar un megaconcierto de piano.

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Otra curiosidad podría ser El extravagante Dr. Doolittle en su version original de 1967 (no el lamentable remake protagonizado por Eddie Murphy que poco tiene que ver), dirigida por Richard Fleischer (el gran director de muchos títulos inolvidables de nuestro género favorito: Viaje alucinante, Soylent Green, 20.000 leguas de viaje submarino, El estrangulador de Boston, El estrangulador de Rillington Place...) y reparto británico (Rex Harrison, Samantha Eggar...), con una ambientación de época y que llegó a ser nominada al Oscar. Sin embargo, hoy día resulta un film casi olvidado; no obstante, pienso que la podemos incluir por su argumento, si bien en este caso mas dirigido a un público familiar.

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Tras esto debería trasladarme a los años 70, donde, en plena fiebre del glam rock, nos encontramos dos títulos casi realizados al mismo tiempo, y que aúnan terror, comedia en mayor o menor medida, y música.

La primera de ellas es una de mis favoritas, El Fantasma del Paraíso (1974), de Brian de Palma, director por el que siento una especial predilección, al menos en esta primera época. Aunque merecería un artículo en exclusiva, básicamente Phantom of The Paradise mezcla elementos de Fausto, El Fantasma de la Opera, el musical glam, la comedia, y una velada crítica a los métodos de la gran industria musical. De hecho, no es difícil reconocer en el personaje de Swan, el malo, interpretado por el compositor y cantante Paul Williams (autor de las canciones del film y también de la premiada banda sonora de la mas reciente versión de Ha nacido una estrella, con Barbra Streisand y Kris Kristofferson, asi como de varios exitos para el duo de pop ligero The Carpenters) determinadas referencias al productor Phil Spector.

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Protagonizada por William Finley, un secundario habitual en las primera películas del director, y Jessica Harper, que aparecería posteriormente en otro curioso musical Pennies from Heaven (1981), con Steve Martin, al que luego mencionaremos. Sin olvidar la excelente labor de Gerrit Graham como estrella de rock con maquillaje e imaginería terrorífica, al estilo de unos Kiss o Alice Cooper.
De Palma realizó esta película entre dos grandes creaciones de temática y estética hitchcockiana, algo habitual en su filmografía inicial, como fueron Hermanas (Sisters, 1972) y Fascinación (Obsession, 1976).

Y el otro ejemplo sería The Rocky Horror picture show (1975), película de culto en los U.S.A. y un poco menos conocida fuera de este país, excepto entre el público especializado, y, al igual que en El Fantasma... con una excelente colección de canciones como banda sonora. Las representaciones de esta película se convirtieron en un acontecimiento en su país, en las cuales el público acudía disfrazado y con difentes objetos de los que hacían uso en momentos señalados de la proyección.
El argumento es la llegada de un joven e ingenuo matrimonio a la llegada del castillo del profesor Frank´n’further (en la que fue probablemente la mejor creación del actor Tim Curry, una especie de Frankenstein travestido (era plena época glam, como antes decía) y contando además con una joven Susan Sarandon.

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Después de esto revisamos los 80, donde nos encontramos con la no muy afortunada La Pequeña Tienda de los Horrores (1986), revisión de una película de Roger Corman de 1960, que en su momento protagonizó un joven Jack Nicholson, y que después fue convertida en musical en Broadway, que es lo que dio pie a este film.
El director es Frank Oz, algo lógico si tenemos en cuenta que Oz fue un estrecho colaborador de Jim Henson, el creador de los Teleñecos (The Muppet Show) y varias películas de muñecos con mayor o menor fortuna (Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto), donde tuvo mucho que ver. Además hizo pequeños papeles en muchas comedias de los primeros 80.
Es lógico que Oz se hiciera cargo de este film si tenemos en cuenta que está protagonizado por una grande y parlante planta carnívora animada. Por lo demás, destacar la aparición de Steve Martin que ya lo había hecho en el antes mencionado musical Pennies from Heaven y Rick Moranis, un habitual en el cine comercial de los primeros 80 (fundamentalmente en papeles cómicos: Cazafantasmas, Cariño he encogido a los niños o Calles de Fuego) y completamente olvidado hoy día.

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Después, la llegada de Tim Burton supuso cierta revitalización del género, probablemente por ser un conocedor de géneros dispares como el cine de Serie B de los 50 y primeros 60 o del cómic, y lo que hizo fue introducir en el fantástico elementos de comedia y de los musicales.
Burton es el creador de la Pesadilla antes de Navidad (que ya mencioné levemente en su momento), un film animado en el que trabajaba desde los 80 y que finalmente fue llevado a la pantalla por el director Henry Selick, también responsable de la menos afortunada James y el melocotón gigante (1996), con producción de Burton, y que tambien contenía alguna canción.

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Y por otro lado tenemos la mas reciente y no muy acertada a mi juicio, Sweeney Todd, en la línea habitual del último Burton, aunque los números musicales han sido habituales en todo su cine.

He tenido dudas de incluir dentro de esta lista una película como Sueños eléctricos (1984), un producto que se anticipó en algo a las comedias juveniles de corte fantástico-cibernético en la que aparecía una jovencisima, dulce y rubia Virginia Madsen (que algún tiempo después protagonizaría un pequeño clásico del genero, revalorizado con el tiempo, como es Candyman, dirigida por Bernard Rose en 1992), años antes de entrar en un olvido del que parece que ha salido en los últimos años, y por la puerta grande, trabajando con gente como el fallecido Robert Altman, en El nº 3 de J. Schumacher o incluso nominada al Oscar por Entre copas.

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Esta es una peli que no es nada del otro mundo, excepto por su condición de pionera de otros títulos similares, y por contener mas canciones de lo habitual, eso si, integradas en la trama, y que recogen nombres que van desde el productor y compositor italiano Giorgio Moroder, habitual en muchas bandas sonoras de corte pseudo-electrónico, como la plana mayor (no siempre la mejor) de del entonces en apogeo estilo new romantic, con gente como Culture Club o Phil Oakey, de The Human League.

Y esto nos llevaría al principio, con Repo, la pelicula con la que comenzamos como ejemplo de una mezcla de géneros que no ha sido demasiado habitual y que sugerimos como posible idea original para proximas producciones.

viernes, 30 de enero de 2009

RECORDANDO ALGUNAS SERIES DE TV (2)

Dentro del laberinto



No confundir esta serie con la película con música y marionetas dirigida por Jim Henson y protagonizada por Jennifer Connelly y un David Bowie en su momento más hortera y menos inspirado.
Esta producción de la HTV británica fue realizada a principios de los 80 y emitida en España a partir de 1982, en 3 temporadas (con 7 capítulos cada una de 30 minutos), si bien en la última desaparecían la mayoría de protagonistas de las dos primeras y resultaba muy inferior a ellas, dando muestras de agotamiento.

El argumento, escrito por el propio director Peter Graham Scott junto a Bob Baker (responsable de varios episodios de Dr. Who), se inicia con una pareja de hermanos que están jugando en el bosque y topan con una tormenta que les lleva a refugiarse en una cueva (las cavernas de Cheddar, que existen realmente y salían en los créditos de la serie). Ahí se encuentran con Phil, un chaval de raza negra algo mas mayor, en su misma situación. Escuchan una llamada de socorro y rescatan a Rothgo (interpretado por el actor Ron Moody que hacía el papel de Fagin en la versión musical de Oliver Twist, Oliver, dirigida por Carol Reed en 1968), un mago inmortal (de los buenos) y que ha quedado muy debilitado tras su enfrentamiento con Belor (Pamela Salem), su oponente femenina y la mala de la serie; ambos buscan una especie de fuente de energía llamada Nidus, y para ayudar a Rothgo, los chicos debían viajar en el tiempo por diferentes épocas (desde la Revolución Francesa a la antigua Grecia, eso si, sin salir de la gruta), en las cuales coinciden con ambos magos “disfrazados”. El Nidus se identifica por una especie de brillo que podía encontrarse en algún objeto concreto y por ello se busca con espejos y otras cosas reflectantes. Una vez era hallado, debían juntar sus brazos e invocar al mago que debía reclamar la energía, pero Belor podía denegárselo y se iniciaba un enfrentamiento entre ambos. Al final de la primera temporada, se hacían con el Nidus y Belor era destruida, Rothgo les regalaba a los niños una especie de cristales mágicos en agradecimiento y les borraba la memoria.

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Pero en la 2ª temporada los cristales les vuelven a llevar a la cueva y se encuentran con una situación similar a la del principio tras la resurrección de Belor, y que vuelve a terminar con el triunfo del Bien.
En la 3ª temporada solo se mantuvieron los personajes de Phil y Belor, el mago bueno era ahora un tal Lazlo (Chris Harris), un personaje bastante ridículo que en ningún momento tuvo el carisma de su antecesor y esta temporada pasó desapercibida e incluso no recuerdo si se emitió completa en España, adonde llegó con retraso. Sin duda fue una de mis series favoritas en aquel momento y se ha reeditado recientemente en DVD (solo en inglés).
Hoy en día cantan mucho los efectos especiales, que resultan casi pueriles, así como algunas escenas de los enfrentamientos “cósmicos” que parecen repetidas. En el aspecto argumental e interpretativo la serie era imaginativa y además tuvo el mérito de recrear varios momentos históricos (con un presupuesto limitado) lo que además podía resultar instructivo para el público destinatario, de hecho la serie contó con suficiente éxito para ser repuesta varias veces en nuestro país, y hoy en día, con el auge de videojuegos e historias de tipo mágico, no desentonaría, excepto por los detalles mencionados anteriormente.

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The children of the stones

Conocida en España como Los chicos de las piedras o tal vez Los chicos de Stonehenge (creo que no transcurría realmente en este lugar), fue otra producción de la prolífica HTV inglesa, emitida por la ITV, que al parecer formaba una especie de trilogía (The third eye) con la mencionada Dentro del Laberinto, y no sé si con la que trataré a posteriori, Bajo la Montaña. Originalmente es de finales de los 70, pero aquí se emitió a principios de la década siguiente. Los creadores fueron Jeremy Burnham y Trevor Ray.

Un astrofísico y su hijo llegan a una pequeña localidad de la campiña inglesa, caracterizada por estar rodeada de una formación de menhires que incluyen una especie de santuario de antiguos cultos. Precisamente, la labor del investigador es estudiar estas piedras y sus posibles efectos de magnetismo.
Rápidamente observan que los habitantes del pueblo son extrañamente amables, que de vez en cuando se reúnen en circulo en torno a una iglesia abandonada y que parecen mostrar cierta sumisión a un rico hacendado de la localidad (que además es el casero de los protagonistas) y que revela grandes conocimientos en cuestiones científicas. Otros personajes son una madre y su hija recién llegadas al pueblo (por tanto ajenas a lo que sucede) y que entablan amistad con los protagonistas, y un vagabundo que vive en el círculo de piedras y dice estar por ello protegido.



Las primeras investigaciones indican que hay algo extraño en torno a la formación megalítica, de hecho al tocar los menhires se recibe una especie de descarga de energía. No voy a contar más por si alguien puede verla y prefiere descubrirlo por sí mismo.
La serie producía de niño un cierto malrollismo (si se me permite inventar esta palabra), sobre todo vinculada a la sensación de las piedras como seres vivos, o al hecho de enfocar constantemente un cuadro que hay en la casa, en el cual aparece gente danzando en la oscuridad (no recuerdo si junto a las piedras) en torno a una especie de fuego o luminosidad; escenas todas ellas aderezadas con una mas que inquietante música minimalista consistente en un coro a capella, al estilo de la que se oye cuando aparece el monolito de 2001, y mantiene cierta fuerza vista de adulto (es fácil de encontrar en inglés, aparte que sus escasos 7 capítulos de 25 minutos no cansan).
No es necesario destacar la sobriedad de una serie británica y la profesionalidad de intérpretes como Gareth Thomas, Iain Cuthbertson o Freddie Jones. Eso si, una serie quizá excesivamente compleja para un público adolescente al que pudiera ir dirigida.

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Bajo la montaña (Under the mountain)

Serie neozelandesa algo posterior en cuanto a su emisión que las referidas, aunque la fecha de producción original es similar (1982). En ella, nos encontramos con una pareja de niños gemelos que, en sus vacaciones, tienen enfrente una extraña familia de vecinos, los Wilberforce, que viajan en un Rolls Royce, y que en realidad son unos alienígenas cuya verdadera forma es la de babosas del tamaño de un hombre, con la finalidad de destruir el planeta.
Un anciano que en realidad es otro extraterrestre de una raza en combate con aquellos, tuvo un encuentro con los gemelos una vez estos se perdieron siendo mas pequeños, ayudándoles, y descubriendo que tenían ciertas facultades extrasensoriales que los convierte en elegidos para destruir a las babosas. Para ello solo hay un método, que si falla puede provocar su destrucción (como ya ocurrió con otros destinados a esa misión), e incluso la de la humanidad.

Les entrega a cada uno unas piedras, roja y azul respectivamente, con las cuales en un momento determinado deben crear, desde lo alto de un volcán, una especie de campo de energía que servirá para acabar con los extraterrestres-babosa.
Recuerdo vagamente que estos habían creado una especie de pasadizo viscoso que conducía al mar. Por supuesto, no cuento la resolución, aunque la verdad es que no la recuerdo con exactitud.
Sobre esta serie hay tan pocas referencias en la red como posibilidades de recuperar sus episodios. Para mi sorpresa, y no ha podido ser mas oportuna esta reseña, se va a hacer una versión en 2009 en la propia Nueva Zelanda, con guión del propio creador original Maurice Gee, eso si, desconozco si llegará a los cines españoles o incluso será un producto únicamente para la TV. Eso si, el primer capítulo completo está colgado en la red en versión original, y es esto que viene a continuación.




Chocky

John Wyndham es un escritor de ciencia ficción bastante e injustamente desconocido fuera del Reino Unido, excepto para los que somos muy aficionados al género. De su mano salieron novelas como El día de los Trífidos, historia post-apocalíptica sobre una invasión de plantas carnívoras gigantes producidas en laboratorios secretos, ante una humanidad que ha quedado en su mayor parte ciega tras observar unas luces en el cielo (con excepción de algunos supervivientes que tratan de salir adelante entre el caos, en los cuales se centra la historia), llevada al cine en 1962 (que también conoció, por cierto, una versión televisiva por la BBC en 1981, de la cual hablaría, pero tuvo poca distribución en España), y que posee muchos elementos que seguramente fueron tomados por Danny Boyle para su film 28 días después (desde el mismo comienzo, que es practicamente calcado en ambos casos). Pero también escribió obras como El misterio de las profundidades, Los cucos de Midwich, que dio lugar a la/s película/s El Pueblo de los Malditos (tanto la original de 1960 como el remake de John Carpenter en los 90) o Chocky, a la que nos referimos.



Chocky, como todas las referidas anteriormente, es una serie de culto sobre un niño, Matthew, que habla con un amigo imaginario (materializado ante él como una especie de nebulosa), situación que acaba preocupando a sus padres. Pero este amigo es en realidad un/a extraterrestre, eso si, con fines pacíficos (pretende saber cosas de la vida en la Tierra y ayuda a mejorar la inteligencia de Matthew hasta convertirlo en un superdotado), nada que ver con los anteriormente citados. Pero esto le pone en peligro, porque hay oscuros intereses que secuestrarán al niño para obtener información.
Adaptada por Anthony Read para la Thames, la serie constó de 6 capítulos de una media hora de duración, protagonizados por el niño Andrew Ellams. Y conoció una segunda y tercera parte con cambios de argumento y personajes.
Por cierto acabo de enterarme, al tiempo de escribir esto, que al parecer Spielberg prepara una adaptación. Así pues, al igual que en Bajo la montaña, ha sido oportuno este recordatorio.

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El joven Sherlock (Young Sherlock: The mystery at Manor House)

Olvidada adaptación realizada en 1982 (y emitida algo después en España) del famoso detective en época adolescente y juvenil. Nada que ver con la posterior película del mismo nombre conocida en España como El secreto de la pirámide.
Me permito mencionar esta serie dada la poca información en español que hay sobre ella en la red, y por mi afición al personaje. Creo recordar que, tras morir algún familiar directo, este joven Sherlock Holmes era llevado a casa de unos tíos o similar, donde desarrollaba sus talentos poniendo al descubierto una conspiración para asesinar (o derrocar) a la reina Victoria, en la que estaban implicados ingleses e hindúes.

Protagonizada por Guy Henry, secundario habitual al que hemos podido ver recientemente con papeles en Extras o Roma, junto a Christopher Villiers interpretando a un primo lejano de Holmes que acaba siendo Moriarty, creo recordar, y como curiosidad, Lewis Fiander, uno de los protagonistas de ¿Quien puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), haciendo de sirviente hindú.

Por cierto, esta serie coincidió en las pantallas temporalmente con otra breve producción británica injustamente olvidada, Cribb, protagonizada por un detective de Scotland Yard (el que daba título a la serie, interpretado por Alan Dobie) al mas puro estilo Sherlock Holmes y ambientada en su misma época (contando por supuesto con un Watson particular), y basada en la novelas de Peter Lovesey.

RECORDANDO ALGUNAS SERIES DE TV (1)

La verdad es que aunque si que he dedicado algún artículo relativo y exhaustivo al tema, reconozco que no he tocado demasiado la cuestión de las series de TV de género fantástico y terrorífico, sobre todo valorando que en mi infancia abundaban producciones de calidad en este sentido que contribuyeron a mi afición al tema, junto a otras que se reponían de épocas pretéritas.

De hecho en los últimos tiempos (aunque nunca se han dejado de hacer) creo que hay un cierto auge de este tipo de series: Heroes, Medium, True blood, Moonlight, Torchwood, Dresden, Sobrenatural, Jekyll, Pesadillas y alucinaciones, Maestros del Terror y tantas otras, incluso en países de habla española como México con 13 miedos y la defenestrada resurrección en España de Historias para no dormir, desterrada tristemente al mercado del DVD por Tele 5, algo por cierto habitual en nuestro país con estos productos televisivos atípicos (recuerdo a finales de los 80 y principios de los 90, dos series de episodios independientes, como Historias del otro lado, tras la que estaba Garci y sus habituales colaboradores, y la más oscura Crónicas del mal, en la que colaboraron directores como Iván Zulueta, completamente proscritas por TVE y que no han tenido jamás a bien reponer ni sacar a la venta, y solo alguna TV local las ha recuperado por la puerta de atrás).

Lo que pretendo aquí es hacer un recuerdo personal de algunas series de mi primera infancia, lo que implica que algunas de ellas estaban dirigidas a un público como mucho adolescente, y tal vez no serían las mejores, pero como digo, es una pequeña visión nostálgica en la que no influyen ni la cantidad (seguramente me esté olvidando de muchas) ni la calidad (en todo caso destacar que ninguna de ellas es una producción norteamericana), y por tanto el propio lenguaje a la hora de describirlas será posiblemente demasiado coloquial, ya que estará basado en mi propia memoria y no en referencias externas que por cierto, en español son escasas en la red. Además espero contribuir a que aquellos que busquen algo al respecto tengan un punto de referencia. Lo dividiré en dos partes para que no se haga demasiado largo de una sola vez.

Los hombres del mañana



Esta era la cabecera de The tomorrow people, título original de Los hombres del mañana. Esta serie fue producida por la Thames (si, esa que salía la Torre de Londres reflejada bajo un cielo azul y que dio pie a tantas series) para la ITV y el creador fue Roger Price. La serie originalmente comenzó a emitirse a principios de los 70, se extendió durante toda la década y al parecer tuvo una continuación a mediados de los 90 que desconozco.

Los protagonistas eran un grupo de niños y jóvenes que tenían capacidades más avanzadas que el resto de los humanos, como la posibilidad de comunicarse telepáticamente entre ellos, y su centro de operaciones se localizaba en una vieja estación de metro, desde donde combatían amenazas tipicas de los productos Sci-fi, especialmente extraterrestres y supervillanos varios, al estilo de otras series compatriotas como Dr. Who o la mas reciente Torchwood, junto a un Superordenador llamado Tim que les podía teletransportar.

Originalmente en el Reino Unido tuvo 8 temporadas, las cuales se subdividían en tramas con titulos como Los esclavos de Jedikiah, La estirpe de la medusa o La guerra de los Imperios, que cubrían 3 ó 4 capítulos cada una.
Al ser una serie popular en su país de origen, es relativamente fácil de hallar, eso si, en inglés (hacerlo con la versión en español es misión imposible). Los actores protagonistas mas habituales (ya que algunos cambiaron en las diferentes temporadas) fueron Nicholas Young, Peter Vaughan-Clarke o Elizabeth Adare, mientras que la voz de Tim corrió a cargo de Philip Gilbert.

(CONTINUARA)

lunes, 29 de diciembre de 2008

LA GUERRA DE LOS MUNDOS DE WELLS, SEGUN WELLES, 70 AÑOS DESPUES

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N. del A.: Este artículo se publicó originalmente a principios de noviembre de 2008, de ahí que haya cierto desfase temporal en las fechas de las que se habla.


Durante estos días (aunque lleguemos con algo de retraso) se ha hecho alguna referencia en los medios (no demasiadas, dado que estos temas vinculados a la cultura y especialmente al género literario fantástico no interesan demasiado, salvo casos concretos) al 70º aniversario del programa de radio que Orson Welles, entonces precoz actor y director teatral y artista polifacético, hizo en la cadena norteamericana CBS en colaboración con su compañía Mercury Theatre, y que adaptaba la novela de H.G. Wells
La guerra de los mundos, uno de los varios y excelentes clásicos que este autor inglés dejó para la posteridad de la entonces naciente ciencia-ficción y seguramente la primera ocasión (si me equivoco disculpen) en el que se trata la hipótesis de un ataque a la Tierra (en realidad a Londres y localidades cercanas, no consta que lleguen mucho mas lejos, pero no les cuento nada por si no leyeron el libro y deciden hacerlo) por parte de inteligencias extraterrestres (marcianos en este caso).
En realidad, Wells, detrás de esta historia, esconde una presumible crítica al colonialismo e imperialismo mas feroz que habian ejercido países como el suyo, y que implicaba, al igual que pretendían estos invasores alienígenas, la anulación de otras culturas y pueblos conquistados, e incluso podía producir la extinción de civilizaciones enteras y especies animales o vegetales si se hacía un mal uso de ese poder. Por otro lado, pretendía mostrar que una persona cualquiera (por eso seguramente apenas se dan datos del protagonista de la historia, para que el lector se identifique con el narrador) cambia radicalmente cuando se presenta ante una situación límite.

Portada de la edicion de 1913 de La guerra de los mundos

Pero lo que quería comentar era que la sui generis adaptación radiada de Welles, por si alguien aún no conoce la historia, se presentó (aunque se advirtió al principio y al final que era una ficción, y además dicha emisión duró menos de una hora) como un informativo de sucesos reales, con cronistas enviados al lugar donde habían aterrizado (mas bien caído) las naves cilíndricas utilizadas por los marcianos, efectos especiales... provocando, supuestamente, la histeria colectiva en millones de personas. Conviene recordar que el final de la novela, que no voy a desvelar, es relativamente feliz (pese a evocar el dramatismo de alguno de los hechos narrados y la moraleja referida antes), y ese hecho se respetó en la radio, con lo cual hay que pensar que la gente solo escuchó medio programa.
Y cuando me refiero a que supuestamente se provocó esa histeria, es porque hoy día se ha llegado a la conclusión que ese pretendido caos generado en millones de oyentes no fue ni mucho menos así, y que solo unas cuantas personas creyeron la veracidad de lo expuesto. Es decir, que no hubo éxodo masivo de las grandes ciudades ni nada por el estilo; en todo caso en las zonas rurales, mas incomunicadas, es donde pudo cundir una cierta inquietud.
No obstante, a lo largo de las décadas siguientes, en países como Ecuador, México o Portugal se hicieron adaptaciones propias siguiendo la pista de lo realizado por Welles, con reacciones adversas en la población que originaron consecuencias mas dramáticas y reales; sin embargo, estos hechos apenas han trascendido a nivel público, al contrario de lo de 1938, convertido en auténtica leyenda urbana.

Monumento a La guerra de los mundos en la ciudad inglesa de Woking, Surrey


A grandes rasgos, recordaremos dos adaptaciones cinematográficas, la realizada en 1953 por Byron Haskin, con buenos resultados y unos efectos especiales estimables que se llevaron el Oscar, pero muy alejada del texto de Wells, y situada en el contexto de la Guerra Fría que dio lugar a una época dorada de la Ciencia-Ficción y la Serie B (de ese mismo año es Invasores de Marte, de William Cameron Menzies); y está muy reciente la de Spielberg en 2005, que aunque recupera algunos elementos de la novela, sigue estando alejada y además se sitúa en el momento actual (me parece mas interesante la ambientación original en torno a 1900, en un mundo que empezaba a abrirse a la tecnología y donde no había aviones, combatiendo los ingenios marcianos con fuego de artillería y avanzando elementos como la guerra bacteriológica, en ambos sentidos).
También hubo, a finales de los 70, una curiosa adaptación musical de Jeff Wayne, en forma de doble LP que intercalaba narración y diálogos (tuvo versión española), con las canciones interpretadas por Justin Hayward de The Moody Blues; un gran éxito en su momento y que desgraciadamente amenaza con ser recuperado y encima convertido en musical.
Junto a ello, el variado filón de secuelas generadas por la novela incluye desde varios cómics a obras mas desconocidas como Sherlock Holmes’War of the worlds, escrita por Manly y Wade Wellman en 1975, que sitúan al popular detective en el contexto de La Guerra de los mundos.

Diferentes cadenas radiaron el 30 de octubre un programa conmemorativo de esta emisión, adaptándola al español con voces conocidas de nuestras ondas, pero como decía antes, no ha habido demasiado interés en promocionar este hecho. Así que para los interesados, dejo este enlace
a la página de The Mercury Theatre on the air que permite acceder a descargarse o escuchar la emisión original de la CBS.

lunes, 22 de diciembre de 2008

SOBREVIVIENDO A LA NAVIDAD

Vuelvo tras un pequeño intervalo sin publicar (aunque es bastante probable que a partir de ahora mis artículos en esta página se espacien más), y, pese a que las fiestas navideñas no sean mis fechas preferidas (más bien al contrario) del calendario (y cada año menos, este en especial), si que había pensado hacer referencia a algunos films del género relacionados de algún modo con ello.

Algo muy difícil si tenemos en cuenta que en estos días, y desde tiempo inmemorial, suelen primar las producciones taquilleras y para un público familiar, y los argumentos bienintencionados. Por cierto, ahora que hablo de estrenos en estos momentos del año, ¿Cómo puede gustarle a uno la Navidad si se aprovecha para estrenar un remake tan innecesario y fallido como Ultimátum a la Tierra, cargándose la obra maestra de Robert Wise en 1951 (de algunas películas no se deberían permitir nuevas versiones) y además, de forma totalmente oportunista en cuanto al argumento?.

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Y una vez hecho este inciso, me vienen a la mente al respecto, por ejemplo, las fechas en que se sitúa la acción de Gremlins (1983), o Pesadilla antes de Navidad (1993), de un Tim Burton más inspirado que en los últimos años (¿estuvo este hombre inspirado alguna vez, en realidad?), el episodio And all through the house de Cuentos de ultratumba (1972), ya comentada al hablar de los films británicos de episodios de la productora Amicus y que se revisó en la posterior serie televisiva americana Tales from the crypt, basada en los mismos cómics), e incluso Inocentada sangrienta (1986), un slasher que acaba convertido en parodia de los mismos, pero cuyo título original es April fool's day, porque en el mundo anglosajón el día de los Inocentes, efectivamente, es en temporada primaveral.

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Pero, sobre todo, Navidades Negras (1974), producción canadiense dirigida por Bob Clark, al que por cierto, ya es la tercera vez que menciono aquí (lo hice con la interesante Asesinato por decreto, al tratar el tema Sherlock Holmes y posteriormente con Children shouldn't play with dead things), y que fue pionera de los slashers, anticipándose a Viernes 13 o Halloween, sin que mucha gente sea consciente de ello.

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El tema es que hace un par de años se hizo una nueva versión, manteniendo el título pero no tanto el argumento, y que pasó por cierto relativamente desapercibida, mereciendo mejor suerte dentro de lo que cabe. Y lo lamento especialmente por el protagonismo en ella de una de mis chicas favoritas de los últimos tiempos, Mary Elizabeth Winstead, la cual va bien encaminada para convertirse en una scream queen (Destino final 3, Death proof o esta misma son algunos ejemplos).

Como ahora mismo esto es lo más acorde a la temática que se me ha ocurrido por Navidad (mucho peores son seguramente cualquiera de los programas especiales que invaden la TV por estas fechas), aprovecho, pese a todo, para darles la felicitación de rigor, ya que dudo que Fan-cine fantaterrorífico retorne antes de 2009; eso si, lo hará con ilusiones renovadas y muchas reseñas de interés (como las publicadas hasta ahora, espero).