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viernes, 8 de agosto de 2008

THE Z FILES: LOS INICIOS DE ROLAND EMMERICH

Antes que nada, y para contrarrestar a toda aquella gente que se sienta contrariada por el hecho de que incluya un artículo de Roland Emmerich en la sección The Z Files, he de decir que no considero en absoluto que las películas de este director alemán a las que voy a hacer referencia se encuentren dentro de esta categoría.

Si considero, en cambio, que la etapa comercial de este realizador, nacido en Stuttgart (Alemania), en 1955, es tan taquillera como nefasta a nivel cualitativo, pese a que haya manejado presupuestos multimillonarios y muchos espectadores hayan acudido a ver sus films. Pero al contrario que su compatriota Wolfgang Petersen, que hizo fama en su país con El submarino o La historia interminable, y mantuvo ciertos criterios de calidad en los USA con En la línea de fuego o La tormenta perfecta (aunque no siempre, Troya o Air force one son ejemplos contrarios), este no es el caso de Emmerich.
Tras las simpáticas coproducciones primerizas de las que voy a hablar, se ha entregado a un cine tan (a priori) espectacular como infumable. Son ejemplos de ello: Soldado Universal, Stargate (quizá la menos mala), Godzilla, El Patriota, Independence day, El día de mañana o la oportunista (título incluido) 10.000.

No obstante, hubo un tiempo, a mediados de los 80, en que era posible mezclar el género de terror, la comedia y el cine para adolescentes, sin producir sonrojo, más bien al contrario, se podían realizar cintas con una calidad por encima de la media en la especialidad y aún recordadas, como Noche de miedo (Tom Holland, 1984), Jóvenes ocultos (Joel Schumacher, 1987) o El terror llama a su puerta (Fred Dekker, 1986), esta última relacionada con una de las pelis de las que voy a hablar.

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En esta apoteosis de las series B, es cuando aparece Emmerich en escena. Tras su ópera prima El principio del Arca de Noé (1984), un producto de ciencia-ficción relativamente futurista y con naves espaciales, llega El secreto de Joey (Joey, 1987), también conocida como Making contact, con evidentes influencias de Poltergeist, Gremlins o E.T. (es posible que el haber mencionado alguna de estas películas en mi último artículo me haya inspirado para éste).
Se trata de una coproducción entre Estados Unidos y Alemania (entonces aún occidental), y aunque realizada con capital fundamentalmente teutón, trata de parecer americana a todos los efectos. El protagonista es un niño, el Joey del título, que ha perdido recientemente a su padre. Traumatizado por este triste acontecimiento, un día empieza a contactar supuestamente con él a través de su teléfono de juguete.
Pero con quien está hablando en realidad es con un muñeco de ventrilocuo que tiene vida propia, imitando la voz de su progenitor, y que resulta ser bastante malvado, además de un rato feo.
En resumen, una producción sin muchas pretensiones, básicamente destinada a un público infantil y juvenil, con algún momento inquietante, surgida claramente a la sombra de los éxitos del cine made in USA que mencionaba anteriormente y cuyo recuerdo no tengo fresco en mi memoria.

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Un par de años más tarde llegaba El secreto de los fantasmas, también conocida originalmente como Hollywood monster o Ghost chase, según el caso. Repitiendo, por cierto, la pareja protagonista de la antes mencionada El terror llama a su puerta (Night of the creeps), Jason Lively y la encantadora pero olvidada (al mismo tiempo que este tipo de cine) Jill Whitlow, a los que aquí se añade Tim McDaniel.
Estos interpretan a dos amigos y a la novia de uno de ellos, que están rodando una peli casera (por decir algo) de terror, como director y pareja protagonista. Un día, se ven agraciados con una herencia; al parecer solo consta de un reloj, pero este resulta ser algo así como mágico y conduce a un tesoro que también es perseguido, al precio que sea, por un malvado magnate de Hollywood, que utiliza para ello a una especie de sicario con un acento muy raro (tal vez alemán). También entra en juego el fantasma del mayordomo del abuelo de uno de los protagonistas, verdadera estrella de la película, ya que interactúa a través de un muñequito creado para la ocasión, el cual, por su aspecto, tiene toda la pinta de haber sido hecho con retales de E.T. o del entrañable Yoda de la saga Star wars, y que ayudará a los protagonistas a encontrar lo que buscan.

Por no revelar más, comentar en definitiva que estas dos películas debemos situarlas en el contexto de su época y por otro lado, resultan difíciles de recuperar hoy día, habida cuenta que este tipo de producciones han desaparecido, por desgracia, de las parrillas de TV y están descatalogadas, por regla general, en el mercado videográfico. Pero, volviendo al principio, nos sirve para ver el tipo de cine con el que comenzó un director como Emmerich, que, aunque intrascendente, resulta, a mi juicio, preferible a su evolución posterior.

martes, 22 de julio de 2008

THE Z FILES: ¿DONDE TE ESCONDES, HERMANO? (1982)

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El haber dedicado mi última reseña a El otro me llevó a pensar (ahora que ya tocaba volver a retomar el tema de las series Z) en comentar algo sobre esta película, la cual, desde un polo opuesto en todos los sentidos, también trata el tema de los gemelos.
Si, ya sé que es casi inadmisible pasar de un producto magistral y un film de culto como el de Robert Mulligan, a lo que podemos considerar una auto-parodia gore como Basket Case (título original del film que nos ocupa, así como de sus continuaciones), pero desde un principio tuve claro que éste era el espíritu de este fan-cine fantaterrorífico. Así que vamos a ello.

¿Donde te escondes, hermano? fue una producción de bajísimo presupuesto que le dio la fama al director neoyorquino Frank Henenlotter, aunque prácticamente toda su carrera se limita a esta película y las dos secuelas consiguientes, dado que obtuvo un inesperado gran éxito; aparte también se encargó de otra cinta de culto como Brain damage, que también se mueve en coordenadas similares a esta.

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El argumento consiste en la llegada a New York de Duane, interpretado por Kevin Van Hentenryck, que resulta de lo más destacable o de lo menos malo del inexperto (por decir algo) reparto, y que viaja acompañado de una cesta. En un flashback, se nos cuenta que Duane nació con un hermano siamés, el deforme Belial, del que se le separó a los doce años, y que fue abandonado después en un cubo de basura dado por muerto. Pero no fue así, sobrevivió, y ahora ambos pretenden vengarse de los médicos responsables.

La condición de producto casi casero (muchas secuencias interiores fueron rodadas en casa de amigos y el propio director realiza un cameo en alguna escena), y los pocos medios con los que se contaron (el personaje de Duane enseña un fajo de billetes al principio de la película y Henenlotter afirma, no sabemos si bromeando, que ese era todo el presupuesto con que se contaba) se contrarrestan con la falta de pretensiones y con algunos recursos interesantes: el personaje de Belial se muestra poco a poco, inicialmente desde un plano subjetivo, después sus manos o sus ojos saliendo de la cesta, hasta aparecer en su totalidad como una especie de masa de plastilina animada torpemente por stop motion; la relación amor-odio entre los protagonistas; uno necesita del otro para vivir pero envidia su normalidad, en cambio Duane se ve lastrado por la carga que lleva encima constantemente (no solo por la cesta, sino por lo que contiene); determinadas cuestiones nos pueden recordar a películas como Estoy Vivo (1972), que trataba el tema de un recién nacido mutante y asesino, y que tuvo dos continuaciones, todas ellas dirigidas por Larry Cohen, otro de esos creadores de terror underground que aparecerá por aquí algún día, o incluso a Hermanas (Brian de Palma, 1972), que también contiene siamesas y crímenes.

El resto de recursos típicos del cine gore más descacharrante completan la sesión, ideal para recuperar en una de estas noches de verano por parte de los cinéfagos con menos prejuicios. Adjunto un trailer original bastante explícito que he podido hallar.

domingo, 1 de junio de 2008

THE Z FILES: RETORNO DESDE LA 5ª DIMENSION (1978)

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Para variar un poco, y evitar posibles acusaciones de cargar excesivamente las tintas en esta sección The Z Files contra determinado cine fantaterrorifico español e italiano, hoy voy a introducir un título de la poderosa industria norteamericana.

El caso es que no se puede hablar de una serie Z propiamente dicha, sino más bien de una serie B, eso sí, mala.

Malísima, en realidad, diría yo, no sé si de lo peor que comentaré por estas páginas, porque eso es difícil de discernir, pero, ¡en fin!, The Manitou (título original, los distribuidores otra vez haciendo de las suyas, aunque esta vez por lo menos le pusieron imaginación en la traducción) cumple el objetivo de ser lo suficientemente deleznable y de poder echarnos unas risas durante su visión.

Fue la última película del director William Girdler, fallecido prematuramente en 1978 en un accidente de helicóptero, y que ya contaba con gloriosos precedentes como Abby (secuela blaxplotation de El exorcista que incluso fue acusada de plagio por su similitud con la peli de Friedkin), Asylum of Satan o Grizzly (una más con animal o bicho asesino, en este caso un gran oso, y que fue su mayor éxito comercial).

Basada en un best-seller (hay que ver lo que lee la gente, en vez de dedicar su tiempo a Dostoievski o Flaubert) de la época, obra de Graham Masterton y protagonizada por un Tony Curtis al que los mejores momentos de su carrera le quedaban ya muy lejos, y que pone cara de ¿yo que hago aquí? durante todo el metraje.
En la peli que hoy nos ocupa, interpreta a una especie de vidente que se dedica a engañar ancianitas, y que se encuentra con que a una amiga (no me pregunten por la clase de relación que mantienen, no sé si se explica en algún momento) le han detectado una especie de tumor en la columna vertebral, más o menos debajo de la nuca. Por cierto, la amiga es Susan Strasberg, la hija del fundador del Actor's Studio, que intenta demostrar ser una supuesta gran actriz todo momento, pese al bodrio en que se encuentra metida.

Bueno, hasta aquí todo más o menos normal. Pero el caso es que el tumor resulta ser una especie de feto y no sólo no responde a los tratamientos sino que, simultaneamente, las máquinas del hospital se estropean y demás anomalías. A todo esto, una de las clientas de Tony Curtis se pone a bailar la danza de la lluvia ante sus ojos y a levitar, y se cae (o se tira) por las escaleras.

No se porqué, nuestro protagonista relaciona esto con lo del tumor o feto, y empieza a investigar por su cuenta. En una especie de sesión de espiritismo en casa de una poco creíble gitana, además casada con un escocés (?), e interpretada por la actriz Stella Stevens, emerge una cabeza de la mesa, y en otra consulta con un experto, se le recomienda que hable con un hechicero indio (tal vez el mismo que hace ese papel en todas las pelis).

Bueno, pues resulta que el feto, que además crece muy deprisa, es la reencarnación de un manitou bastante malvado por lo visto, cuya llegada supone más o menos el fin del mundo, y tendrán que enfrentarse a él (por supuesto, este piel roja malo acaba renaciendo, y por cierto, no sé si por los tratamientos a los que es sometida su portadora o porque era así en origen, sale muy bajito, feo y cabezón).

No voy a contar más, pero decir que el final supera ampliamente todo esto. Como apunte, la música corresponde al argentino Lalo Schiffrin, ex músico de jazz y autor de muchos scores en la época, también para TV, realizando aquí uno de sus trabajos más anodinos.

Os dejo con el trailer, que si he podido encontrar, para que os hagáis una idea.

lunes, 19 de mayo de 2008

THE Z FILES: LA INVASION DE LOS ZOMBIS ATOMICOS (1980)

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Esta fue una de las imágenes que, a finales de los 80, cuando aún nos hallábamos en el reino de los videoclubs, atormentaron mi más tierna infancia.
Después me hice mayor y ví que no era para tanto, o quizás si, pues pasé a investigar todas aquellas pelis con carteles y carátulas de este tipo, que tanto me inquietaron en su momento, pero que también me provocaron una cierta fascinación.

Y descubrí que me depararían muchos ratos de diversión (aparte de causar, en la mayoría de casos, vergüenza ajena), siendo a partir de entonces, y hasta hoy, el típico tema del que sólo hablarías con ciertas personas.

Así que he decidido empezar esta sección fija de series Z y similares con este producto, arquetipo de la floreciente industria explotation transalpina de finales de los 70-principios de los 80 y que fue junto a la de nuestro país (seguramente aquí en menor medida) el principal baluarte de estos bodrios que aúnaban en muchos casos terror gore, sexo e imitaciones de productos anglosajones de éxito. Me detendré otro día en consideraciones acerca de las diferencias que hubo entre España e Italia, aunque aquí hubo grandes cultivadores del terror mega-casposo patrio (léase Jess Franco en sus momentos mas delirantes, Juan Piquer Simón, J. R. Larraz, etc.), y salvo casos aislados que analizaré, nos encontrábamos mas cerca de peliculas deudoras del estilo Hammer, ejemplo Paul Naschy/Jacinto Molina.

Responsabilidad (?) de Umberto Lenzi, que nos ofrecio otros demenciales títulos plenamente trash como Caníbal feroz o Comidos vivos , que seguramente harán que volvamos a encontrarlo algún día en esta sección. Rodada en coproduccion con España, se tituló originalmente Incubo sulla città contaminata y en el mercado anglosajón con el menos explícito Nightmare city.

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Pese al nombre del film en España, hay que decir que los zombis a los que se refiere el título no tienen nada que ver con los clásicos estilo George A. Romero, aunque ni siquiera recuerdo bien si son auténticos muertos vivientes, pues creo que en realidad han sido contaminados por una especie de gas radioactivo (es la excusa para todo que se suele dar en estos casos). En resumen, a los afectados se les ha puesto la cara como si llevaran puesta una colmena de abejas encima y no responden al arquetipo, conocido hasta entonces para estos seres, de caminar con lentitud y movimientos torpes.
Al contrario, los de esta película corren que se las pelan, tienen bastante mala gaita, son inteligentes (hasta el punto de sabotear una hidroeléctrica o algo así), y para colmo, van armados hasta los dientes.

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Todo comienza cuando un periodista (que acaba siendo el protagonista de la historia, interpretado por el barbudo mexicano Hugo Stiglitz) está en el aeropuerto, aguardando la llegada de un avión en el que viaja un científico al que va a entrevistar, y se encuentra con que el mismo está infestado de los susodichos zombis (no se especifica como han podido aterrizar sin pilotos), que se enfrentan a las fuerzas de seguridad con lo que encuentran por ahí, ya sean armas de fuego o todo tipo de objetos cortantes o punzantes que han ido hallando en el viaje.
Por supuesto, a partir de ese momento empiezan a avanzar por la ciudad y extender la plaga (evidentemente es contagioso y además se alimentan de sangre), armando la marimorena e incluyendo una memorable visita a un plató de TV y a un hospital, siendo todo esto silenciado por el ejercito.
La accion continúa en varias subtramas hasta llegar al inevitable final sorpresa, que no vamos a revelar, por si alguien se atreve a verla (y la puede localizar, que no es tarea fácil).

Sazonado con las tipicas reflexiones filosófico-apocalípticas de andar por casa, y como suele ser habitual en estas producciones, con un reparto pleno de actores en momentos muy bajos (Francisco Rabal, interpretando a un oficial del ejército americano (!), o Mel Ferrer), y por supuesto, la habitual exhibición de anatomía femenina sin venir a cuento, todo ello mezclado con momentos gore de lo más explícito.

Como anécdota comentar que fue rodada en gran parte en las afueras de Madrid, que se hacen pasar por alguna ciudad de los USA.

Os dejo con el trailer anglosajón de la peli, que creo que vale más que mil de mis palabras.