sábado, 18 de julio de 2009

HEAVY METAL (1981)

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Resulta reconfortante recuperar de vez en cuando un titulo del cine fantástico de animación, como sucedió en su momento con el artículo que dediqué a Ralph Bakshi, sobre todo porque es difícil hallar ejemplos que combinen el cine fantástico y los dibujos animados, y mas si son dirigidos a un público adulto, excepción hecha de un maestro como Miyazaki, que además, llega a todo tipo de espectadores.

Sobre todo, cuando en el caso de un film como este, probablemente sufre un olvido mayor incluso que los ejemplos que cité con anterioridad u otros contemporáneos como Cristal Oscuro (a la que dedicaré un espacio en su momento, si bien en este film de Jim Henson se utilizaban marionetas).

En primer lugar sería conveniente mencionar cual fue la semilla de Heavy Metal, y esta fue la fundacion de Metal Hurlant en 1974, cómic francés de ciencia ficción y terror, un género que se haría muy popular en esa década y la siguiente, auténtica edad de oro de los tebeos fantásticos para adultos, y que alcanzó, aparte de países como el galo con gran tradición al respecto, a otros como España, algo que desgraciadamente, en el panorama actual, forma parte del pasado.

Bien, los fundadores de Metal Hurlant fueron los populares dibujantes Jean Giraud (mas conocido como Moebius), Jean Pierre Dionney y Philippe Druillet, los cuales habían constituido poco antes un grupo creativo llamado Humanoides Asociados. La revista era una miscelánea de diferentes historias de corte fantástico obra de diversos autores, entre los cuales se hallaban lógicamente los propios fundadores, pero también otros como Alejandro Jodorowsky, Milo Manara o Serge Clerc, y que resultaban independientes, combinando el color y el blanco y negro (era mas abundante este ultimo).
La publicación tuvo gran éxito y llegó a paises como Estados Unidos (como dije, también a España); allí fue renombrada como Heavy Metal, y se traducían las historias originales, añadiéndose otras de autores americanos, siendo coordinada esta versión americana por Fabrice Giger.

A raíz de esto y de la abundancia de títulos fantásticos y de animación, desde la parte americana se animan a crear una versión para el cine con capital estadounidense y canadiense (entre los productores estuvo Ivan Reitman, director de algunos titulos comerciales de los 80 como Cazafantasmas) y bastantes medios materiales, quedando en manos del director Gerald Potterton la realización (si bien en algunas fichas se acreditan varios directores) y en las de Dan Goldberg y L. Blum, el guión, dejando claro que se basan en algunas de las historias publicadas por alguno de los autores citados anteriormente, y otros habituales de la publicación, como Richard Corben o el argentino Juan Gimenez, con una estructura similar a la revista.



Con respecto al argumento, como en toda película de episodios, partimos de un nexo común a través del cual se desarrollan las diferentes historias. En este caso la trama se inicia con un relato del guionista y director Dan O'Bannon que terminaba con el aterrizaje de un coche, en el que viaja un astronauta que entrega a su hija una especie de esfera de poder, que narrará a la niña cinco historias.
La primera de ellas, responsabilidad precisamente de Juan Gimenez, narra una especie de trama detectivesca protagonizada por un taxista del futuro, y que posteriormente inspiraría la flojísima El Quinto Elemento, que contó por cierto con el propio Giraud-Moebius como diseñador.

El propio O'Bannon se encargó de la segunda historia, quizá la mejor, que aúna un avión accidentado en la 2ª Guerra Mundial con el cine de zombies, en la que los dos pilotos supervivientes de un choque se enfrentan a sus compañeros, convertidos en muertos vivientes.
Richard Corben, autor bastante mitificado (sobre todo en los 70 y 80) dentro del género fantástico y que firmó algunas portadas de discos, es el responsable de la siguiente historia protagonizada por una de sus creaciones mas celebres, Den, una especie de Conan que a mi juicio resulta anodino, ya que no comparto demasiado el entusiasmo por este autor.

Las dos siguientes historias tienen algo en común, y es que se sitúan en el espacio, en el primer caso, mas humorístico, se nos narra un viaje de dos extraterrestres algo pasados y la segunda, pese a estar detrás de ella un buen autor como Bernie Wrightson, que introduce a su personaje del capitan Stern, tampoco está muy lograda.

Finalmente, quizá la historia mas celebrada (al menos la mas conocida) es en la que protagoniza la heroína Taarna, que es la que aparece en el cartel de la película, luchando por liberar al pueblo de los Tarak de un peligroso invasor. Aunque los resultados no cumplen las expectativas, aquí el trabajo de animación, con la utilización de técnicas similares al rotoscopio, es interesante.

La parte musical es bastante notable, aunque no necesariamente hace honor al título, pese a que si están presentes en ella grupos de sonido mas duro, como Black Sabbath, Blue Oyster Cult o Cheap Trick; pero también se incluyen bandas que nada tienen que ver con el rock como Devo. No obstante, el film cuenta con un notable score propio a cargo del prolifico Elmer Bernstein.

El éxito del film fue relativo y tuvo una secuela, muy tardía, inferior, sin relación prácticamente con el film original, la cual fue rápidamente olvidada.

lunes, 22 de junio de 2009

EL OTRO (1972)

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Durante la edición de 2008 del festival Cinema Jove, celebrado en Valencia, se incluyó una sección llamada Cuadernos de rodaje, en la que se proyectaron una serie de películas al aire libre que habían sido seleccionadas como favoritas suyas por dos directores, Jaume Balagueró y el valenciano Paco Plaza, que son de los mejores cultivadores que hay actualmente en España dentro del género que nos ocupa.

Pues bien, una de esas películas era El otro.

Este hecho devolvió este film a mi memoria y me hizo recordar que, si hay una serie de títulos de los que debería hablar aquí, The other es, indudablemente, uno de ellos. Tanto por su consideración de película de culto como por haber sido vista por mi en una edad en la que te causa una impresión que no puedes olvidar.

Después de entonces, pocas veces ha sido emitida por ningún canal de televisión, la última reposición fue hace ya bastante tiempo y descubrí que muchas escenas seguían conservando intactas su capacidad de impacto, pese a no ser un producto de terror al uso. Curiosamente, hoy en dia es una pelicula un tanto olvidada y considero que infravalorada.

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Detrás de este film se encuentra el gran director Robert Mulligan, autor de otras obras maestras como Matar un ruiseñor (1962) o Verano del 42 (1971), curiosamente, tambien vinculadas como El otro al universo infantil o adolescente. Sin embargo, se trata de un realizador que no tiene el reconocimiento que merece, probablemente por situarse en un momento de transición o cambio estilístico del cine, quedando su narrativa a medio camino entre el clasicismo y los cambios estéticos o de producción que se estaban sucediendo (de hecho, Mulligan fue premiado en el Festival de Sitges con la Medalla de Oro como mejor realizador por este film, y el crítico italiano Carlo Frabeti mostró su desacuerdo por no considerarlo "politicamente comprometido").

Basada en una novela de éxito del actor reconvertido a escritor Tom Tryon, la película se situa en los años 30 del siglo pasado en una zona rural de Connecticut (creo que los personajes son de origen europeo; eslavo o nórdico), en un paisaje aparentemente idílico, entre enormes cosechas y un ambiente soleado, que, sin embargo, a pesar de parecer excesivamente colorista para la situación narrada, sirve para potenciar el aspecto onírico y de pesadilla en el que nos vamos sumergiendo con una lenta placidez, lo que hará que la contundencia de las situaciones e imágenes que poco a poco se nos van a mostrar nos golpeen con mayor fuerza. A ello contribuyen la excelente fotografía del operador Robert Surtees y la partitura del prolífico Jerry Goldsmith.

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En este escenario, nos encontramos con dos hermanos gemelos, Niles y Holland, que tras el fallecimiento de su padre, son criados por su abuela Ada (imponente la labor y la presencia de la veterana actriz de origen alemán Uta Hagen), dado que su madre, por algún motivo que inicialmente desconocemos, pero que será clave en la pelicula, vive recluida en su habitación, sin levantarse de una silla y en un estado casi catatónico. Niles, tal vez para evadirse de este ambiente mortecino y depresivo, es un niño imaginativo que pasa mucho tiempo al aire libre. Al parecer, ha heredado algún tipo de poder telequinético de su tutora, lo que ellos llaman "el gran juego", según el cual puede mirar a traves de algunos animales como los pájaros y sentir sus mismas sensaciones en ese momento.

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Pero así como Niles es un niño ejemplar, su hermano (mayor) es la maldad personificada: no gusta de la compañía de su familia, y prefiere refugiarse en un oscuro ático, donde trama "travesuras" contra la voluntad de su hermano, al que domina, y que es quien finalmente recibe las regañinas. Lo que ocurre es que las consecuencias de las acciones de Holland empiezan a exceder de cualquier control y comienzan a derivar en hechos trágicos.
Es entonces cuando su abuela tendrá que empezar a actuar, cuando descubrimos que nada es lo que parecía, que existe un terrible secreto que el espectador no conocía hasta ese momento; y Ada debe mostrar a Niles una verdad que él no ha asumido (¿o se trata de otra cosa?) y que requerirá una decisión drástica, aunque sea demasiado tarde.
Todas estas últimas claves, obviamente, no voy a revelarlas porque desvelaría la trama completa de la película. Aunque algunas cuestiones quedan abiertas al espectador.

Pese a no contener violencia explícita ni excesos sangrientos, pero llena de imágenes inquietantes y perturbadoras, se trata de una joya que causará en cualquier espectador una impresión inolvidable, algo difícil de ver en el cine actual y más en el de terror, y se anticipó, con su estilo propio, a una sucesión de títulos protagonizados por niños malignos que invadirían las pantallas durante los años siguientes.
Añado un extenso trailer en inglés de la película, pese a que cae en el defecto, mas propio de nuestros dias, de contar gran parte de la trama; pero puede ser orientativo para aquellos que no la conozcan.

domingo, 31 de mayo de 2009

MATAR O NO MATAR, HE AHI EL PROBLEMA (1973)

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En primer lugar, no sería justo que me refiriera a esta película de la que hoy voy a hablar sin mencionar otra, El abominable Dr. Phibes, que dirigida dos años antes por Robert Fuest (director a recuperar y al que dedicaré algún espacio un día de estos), tenía muchas similitudes argumentales, coincidiendo también en el protagonismo de Vincent Price, uno de los mejores y más representativos intérpretes del cine de terror.

Matar o no matar... (nada que ver con el título en inglés Theatre of blood, aunque al menos este que le pusieron en España resulta original), producción de terror británica (aunque mas cerca de la comedia negra, diría yo) realizada al margen de las dos grandes compañías inglesas especializadas en ese género por aquel entonces (Hammer y Amicus), no es desde luego, una obra maestra. En todo caso es una película que posee algunas virtudes, minimizadas por el paso del tiempo, por la excesiva similitud con un producto anterior y por la discreta realización de Douglas Hickox, el típico director de productos de encargo, profesional en su cometido pero gris e incapaz de aportar un sello personal, dejándolo todo en una puesta en escena plana.
Pero, pese a ello, posee suficientes elementos para entrar, quizá por los pelos, en eso que podemos denominar película de culto.

Edward Lionheart (Price) es uno de los mas reputados intérpretes de Shakespeare. Cuando la asociación de críticos de teatro le deniega por enésima vez el premio al mejor actor, no puede soportarlo: acaba trastornándose y opta por el suicidio (que no consuma, pero se le da por muerto). Sin embargo, dos años después reaparece en secreto, para vengarse de todo ese grupo de pedantes, asesinándoles disfrazado de diferentes personajes utilizando métodos basados en obras de Shakespeare, mientras recita los textos correspondientes. Para ello contará con la colaboración de su hija, interpretada por Diana Rigg, una de las protagonistas de la mítica y entrañable serie Los Vengadores (muchos de cuyos capítulos dirigió el antes mencionado Robert Fuest) y también chica Bond en 007 Al servicio de su majestad (1967), protagonizada (única vez) por el mediocre George Lazenby como el agente con licencia para matar, aunque estuvo a la altura de otras películas de la saga.
Además de su hija, Lionheart contará con la ayuda de un grupo de siniestros mendigos, que fueron quienes le rescataron de su pretendido suicidio.

Si en el Dr. Phibes, que por cierto tuvo una secuela contemporánea a Matar y no matar..., Price se vengaba de un equipo de médicos que habían provocado la muerte de su mujer tras un accidente inspirándose en las plagas bíblicas, aquí se utilizan los clásicos shakesperianos, y además se consigue el mismo efecto, es decir, que el público simpatice mas con el asesino que con sus víctimas, que resultan en general odiosas y meros vehículos para una serie de acciones que son la verdadera base argumental.

Aparte de lo mencionado anteriormente, se echa de menos un mayor análisis psicológico de los personajes, en especial del de Price y de su hija. Los flash backs resultan algo inoportunos y poco explicativos, así como un final mas propio del cine de acción en el que se cae mas aún en la parodia y en algunos elementos tópicos.
Pero aún así, la curiosidad del argumento, lo impactante de algunos momentos y la presencia, aparte de los mencionados Price y Rigg, de un notable grupo de secundarios británicos de la época (Ian Hendry, Robert Morley, Harry Andrews o Jack Hawkins) siguen convirtiendo Theatre of Blood en una película recomendable y a recuperar.


sábado, 25 de abril de 2009

NAVES MISTERIOSAS (1971)

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Con esta película me ocurre lo mismo que con la hace tiempo comentada Almas de metal, de la que hablé en su momento, o Un mundo de fantasía (Willy Wonka & the Chocolate factory, 1971).
Y es que, cuando era pequeño, eran títulos que se emitían constantemente por televisión (esta de la que hoy hablaré quizá más que ninguna) y ejercían una cierta fascinación sobre mi, aunque tanto Naves misteriosas (absurda traducción del original Silent running: luego se utilizó el mas aproximado Naves silenciosas) como las otras, rara vez las he vuelto a ver proyectadas en la pequeña pantalla, salvo que algún canal temático haya tenido a bien programarla.
Será que las cosas han cambiado para peor y tal vez que entonces, dado el trasfondo de ciencia-ficción ecológica que contiene la peli, éramos mas modernos.

Antes que nada hay que decir que tras Silent running estaba Douglas Trumbull, que hacia aquí su debut en la realización, aunque lo suyo era encargarse de los efectos especiales, mas que ponerse detrás de la cámara: había sido con anterioridad responsable de los F/X de 2001, Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), que en su momento fueron muy innovadores e impactantes, y se encargaría posteriormente de la misma función en La amenaza de Andrómeda (Robert Wise, 1971), todo ello sin haber cumplido los 30 años de edad. Después también haría lo propio en Encuentros en la 3ª fase (S. Spielberg, 1977) o Blade Runner (Ridley Scott, 1982) habiendo recibido 5 nominaciones al Oscar y uno honorífico por toda su carrera.
Curiosamente hoy día Trumbull se dedica a montar efectos en parques temáticos.
En todo caso su trayectoria como director es bastante irrelevante con excepción de esta película y en menor medida la curiosa Proyecto Brainstorm (1983) un título de los 80 prácticamente olvidado y que contaba en su reparto con gente como Christopher Walken, Natalie Wood, Cliff Robertson o Louise Fletcher.

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Pero bueno, volviendo a lo que nos ocupa, Silent running dispuso de un presupuesto muy exiguo y eso favoreció que fuera un fracaso en taquilla debido a su poca promoción. En el aspecto argumental, la película transcurre entre tres gigantescas naves-invernadero, que se encuentran en órbita con Saturno, las cuales conservan la vida vegetal que se perdió en la Tierra a causa de una desertización total del planeta, y pensando en una hipotética reforestación del mismo.
El astronauta y botánico Freeman Lowell (interpretado por el actor Bruce Dern, padre de Laura Dern, actriz en numerosas películas, entre ellas Terciopelo azul o Parque Jurásico) es el responsable de una de ellas, la Valley Fogue, junto con dos robots, poseedores de características que en cierto modo les convertirán en antecedentes del futuro R2-D2 de la saga Star Wars.

Pero un día se decide cancelar el proyecto y acabar con los cultivos de las naves. Lowell se enfrenta al resto de la tripulación, que al contrario que él, si quieren acatar las órdenes y acabar con todos los vestigios de vida natural allí presentes. Con la ayuda de los robots, a los que humaniza (este es un dato importante pues plantea elementos similares y a la vez distintos al ordenador HAL 9000 de 2001) poniéndoles nombre (Dewey y Huwey) y convirtiéndolos en sus compañeros de tripulación, reprogramandoles para tareas "agricolas", y huyendo con la nave mas allá de los anillos de Saturno para conservar su tarea ecológica.

La realización de Trumbull de cualquier forma no es muy acertada y evita probablemente que nos encontremos ante un proyecto de mayor magnitud, pese a que se trata de un film a tener en cuenta. Algunos defectos en la puesta en escena son aliviados por el lirismo que aportan las canciones de Joan Baez, por la que no tengo muchas simpatías, pero cuya utilización aquí (si no me equivoco son temas ex profeso para la película) es acertada.



A destacar que entre los guionistas del film estuvieron nombres como Steven Bochco (responsable mucho después de series como Canción triste de Hill Street, La ley de Los Angeles o Murder one) o Michael Cimino (director años mas tarde de películas de fama como la oscarizada El cazador, Manhattan Sur o el megafracaso multimillonario La puerta del cielo, películas por cierto quizá con mas fama que calidad artística).

En definitiva, Naves misteriosas (o silenciosas) es un titulo a recuperar y que indica que ciertas preocupaciones que hoy parecen muy en primera plana vienen de mucho tiempo atrás y ya entonces se podían plasmar en una buena película de ciencia-ficción.

miércoles, 25 de marzo de 2009

RICHARD MATHESON

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Richard Matheson (1926) es, sin duda, uno de los escritores del género fantaterrorífico más importantes de la 2ª mitad del siglo XX, y quizá, de esta etapa, junto con Philip K. Dick, uno de mis (muchos) favoritos.
Si hoy me ocupo de él, es para hacer un pequeño repaso (muy breve para lo que merecería) de su intensa relación con el cine, a través, tanto de adaptaciones suyas a la gran pantalla (y a la pequeña, también) como de guiones realizados por él sobre textos de otros autores.

Tenía dudas de si hacer un repaso siguiendo la cronología su carrera literaria, pero en fin, este es un blog básicamente fílmico, asi que seguiremos el orden de sus comparecencias cinematográficas.

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Asi, en 1957, con guión del propio Matheson adaptando su libro escrito un año antes, llega El Increible hombre menguante (The incredible shrinking man), dirigida por Jack Arnold, maestro de la serie B, que convierte este título en una obra maestra del género; alternando elementos del cine de la Guerra Fría ( el protagonista empieza a encoger su tamaño sin parar después de ser afectado por una nube radiactiva de dudoso origen), reflexiones existenciales sobre la soledad y la supervivencia, y trazos de las Monster movies, cuando el protagonista, Grant Williams, ya diminuto, debe enfrentarse, sucesivamente, a su propio gato y a una araña.

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Durante los primeros 60, el autor realiza varias colaboraciones con el especialista del género Roger Corman, con los guiones de dos de sus mejores adaptaciones de Poe, La caida de la Casa Usher (1960), y El pozo y el péndulo (1961), y escribiendo La Comedia de los Terrores (1964).

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En 1964 llega la primera adaptación, y seguramente menos conocida, de su novela mas famosa, Soy Leyenda (I am legend), original de 1954. Es Last man on earth, casi inédita en España, dirigida por Sidney Salkow y Ubaldo Ragona (fue coproducción USA-Italia), y protagonizada por Vincent Price; como finalmente ocurrió con todos los films basados en este texto, se tomaron bastantes libertades sobre el original.

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Resumiendo el argumento, nos encontramos con alguien que se ha quedado solo en la Tierra tras ser afectada toda la humanidad por un virus que les ha convertido en vampiros. El protagonista, Neville (en el texto original al contrario que en las adaptaciones no tiene formación médica aunque la soledad le ha hecho acceder a muchos textos científicos y técnicos), sabe que estos seres no existen, y, de día, junto a algunos actos rutinarios, investiga porque las personas tienen esa sintomatología e incluso se desintegran cuando se les clava una estaca y huyen de las cruces o de los ajos, a lo que acaba encontrando una explicación racional; mientras, de noche, es acosado en el exterior de su casa por los enfermos, incluyendo un antiguo amigo o las mujeres que van a tentarle para que se una a ellos.
Hasta que un día se encuentra con otros aparentes supervivientes, como él.

Y bueno, no sigo, no voy a contar el final por si alguien quiere leer el libro o no conoce las adaptaciones; sobre este primer film basado en la novela destacar sobre todo que la estética y características de los vampiros fue utilizada luego por George A. Romero en la saga zombie que inició con Night of the living dead (1967) , con un blanco y negro igualmente inquietante.

Matheson, mientras tanto, escribió varios capítulos de la serie Alfred Hitchcock presenta y de la seminal The twilight zone, aquí conocida como Dimensión Desconocida, gran creación de Rod Serling sobre la que luego haré alguna consideración a raíz de su adaptación cinematográfica-homenaje en los 80.

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En 1968, escribe el guión de un titulo quizá poco conocido entre el gran publico, pero excelente, de la Hammer, The devil rides out, titulada en España La novia del diablo, basado en un libro de Dennis Wheatley, con dirección del ilustre veterano Terence Fisher e interpretaciones estelares de Christopher Lee y Charles Gray.

En 1970 llega una nueva adaptación de Soy Leyenda, The Omega Man, conocida aquí como El último hombre vivo, con el protagonismo de Charlton Heston.
Se trata de una película muy distinta a Last man on earth, el guión del matrimonio Corrington adapta el texto con muchas licencias, acercándolo más a un titulo de acción al servicio de su actor principal, en la línea de otras peliculas recientes en las cuales habia aparecido, como El Planeta de los Simios (Planet of the Apes, 1968) o que haría posteriormente, como Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973).

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Aquí los vampiros son reconvertidos en una especie de secta de mutantes albinos que visten hábitos negros y gafas de sol, y que tratan de eliminar cualquier vestigio de progreso y civilización, encarnados en un científico como el superviviente Neville, por considerarlos causantes de la situación actual, aunque tampoco quieren encontrar ningún tipo de remedio a su mal, pues la sociedad tal como la conocíamos es la que llevó al mundo a ese final. Curiosamente, su líder es Matthias, un antiguo presentador estrella de los informativos de TV (interesante reflexión social), eficazmente interpretado por el secundario Anthony Zerbe.
Con evidentes concesiones al género blaxplotation, que empezaba a estar en boga en aquel momento, y algunos tics (música, ambientación) fácilmente reconocibles de esos años, defectos que son agravados por la realización del mediocre Boris Sagal, director fundamentalmente televisivo que nos tortura con atroces y reiterados zooms en gran parte del metraje.
Pese a todo, es una película por la que siento bastantes simpatías, se deja ver como un entretenido cómic, y la estética de la que hablaba puede ser, en su caso, más virtud que defecto, siendo ideal para una entretenida noche de cine fantaterrorifico.

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Matheson vuelve a escribir el guión para El Diablo sobre ruedas (Duel, 1971), que se encarga de dirigir un chaval de apenas 25 años, poco curtido hasta entonces en alguna realización televisiva, llamado Steven Spielberg.
Esta historia de un camión (sin que sepamos nunca quien lo conduce) que, sin motivo aparente, y a raíz de un adelantamiento, comienza a perseguir a muerte a un comercial de vida gris que viaja camino de una reunión de trabajo por las carreteras del desierto de California, estaba planteada inicialmente como un telefilm, pero su gran éxito lo condujo a la pantalla grande y se convierte en un titulo de culto, anunciando muy proximos exitos comerciales para su director.

Siguiendo con la televisión, Matheson crea, con la colaboración del productor Dan Curtis, buen conocedor del género, el telefilm Kolchak: The night stalker, basado en una novela del semidesconocido Jeff Rice, que ni siquiera se habia publicado aún.
Kolchak es un periodista irónico y estrambótico, pero sagaz, siempre vestido con un sombrero de paja y un anticuado traje blanco, que se ve implicado en la investigación de casos sobrenaturales.


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En The night stalker nos encontramos con una ola de crímenes en la ciudad de Las Vegas, que, por sus caracteristicas, parecen obra de un vampiro. Por supuesto, nadie cree en esta posibilidad, excepto el inicialmente escéptico Kolchak, que acaba encargándose personalmente de la destrucción del no-muerto, todo ello de forma muy velada, pues en aquel momento imperaba una fuerte censura en la TV americana que apenas permitia que se pudiera ver sangre.

Como curiosidad decir que el actor que hacía de vampiro, que finalmente fue Barry Atwater, estaba previsto en principio que fuera Robert Quarry, intérprete en aquel momento en cine del Conde Yorga, personaje de varias secuelas americanas con estética setentera de las pelis de Dracula de la Hammer (en aquel año, por cierto, se estrenó la penúltima entrega de los films de la productora inglesa sobre el famoso conde interpretadas por Christopher Lee, Dracula 73, dirigida por Alan Gibson, al igual que la siguiente, Los ritos satánicos de Dracula, transcurriendo ambas también en época actual y con resultados olvidables).

El telefilm consiguió un record histórico de audiencia en la TV estadounidense en 1972 y planteó la consiguiente secuela, El estrangulador de la noche.

The night strangler resultó aún más logrado que su predecesor. En él de nuevo nos encontramos con mujeres asesinadas, en este caso por asfixia y en la ciudad de Seattle, con la característica de que se han encontrado junto a los cadáveres restos de carne corrompida. Kolchak comprueba que series de crímenes similares se han producido en la ciudad cada 21 años, desde 1889 aproximadamente. La investigación le lleva a descubrir que un médico de la época de la guerra de Secesión (refugiado en las ruinas de su hospital, que conducen a una especie de parte antigua de la ciudad oculta en el subsuelo) obtiene una especie de suero de la inmortalidad durante ese periodo de tiempo, extrayendo la sangre de sus victimas, y consiguiendo finalmente derrotarlo.

El enorme éxito de estos dos pilotos, que llegaron a emitirse en España en los años 80 y 90, llevó a la producción de una serie, en la que, incomprensiblemente, se prescindió de Matheson y Curtis, sin obtener los resultados deseados, lo que hizo que no pasara de la primera temporada.
Hoy en día es considerada una serie de culto, inspiradora de Expediente X como reconoce el autor de esta ultima, Chris Carter (y que incluyó en ésta un personaje llamado Richard Matheson); a raíz de la reposición exitosa de los dos episodios pilotos a principios de los 80, la cadena CBS contactó con el actor protagonista, Darren McGavin (un habitual secundario que obtuvo su mayor reconocimiento aquí) para un tercer telefilm, pero molesto por la retirada prematura de la serie en su momento, el proyecto se quedó en el tintero.

Matheson también ha escrito fantásticos más bucólicos como Somewhere in time (1980) o Mas allá de los sueños, protagonizado en su version cinematográfica de 1998 por Robin Williams.

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Otra de las obras más famosas de nuestro autor llegó a principios de los 70, La casa infernal.
Parecía una revisión de una novela de principios de los 60 de Shirley Jackson, The haunting of Hill House, aquí conocida como La mansión encantada y llevada magistralmente al cine en 1964 por Robert Wise (y de manera mediocre y con muchas libertades con el texto, por Jan de Bont en 1997).

Se trata de dos de las mejores novelas sobre casas con fenómenos paranormales, y de hecho, el original de Matheson se titulaba The Hell House, muy similar fonéticamente a su predecesora.

La adaptación cinematografica llegó en 1973 producida por James H. Nicholson, vinculado a la productora británica AIP, que fue, junto con la Amicus (especialista en películas de episodios, como Doctor Terror o unas cuantas basadas en comics de la EC), la gran rival de la Hammer en la hegemonía del terror inglés de aquellos años.
La dirección corrió a cargo de John Hough, que había realizado recientemente Dracula y las mellizas, ridícula traducción española de Twins of evil, última parte de una trilogía basada muy libremente en Carmilla, la clásica vampiresa de velados toques lésbicos que escribió Sheridan Le Fanu mucho antes que Bram Stoker pensara en el tema, y que empezaba a llevar a las pantallas la mezcla de erotismo y horror-movie pensada para salvar los muebles en taquilla, pero que en este caso resultaba un producto aún digno.
Después Hough continuó en el género con títulos muy menores como The Incubus, Aullidos 4 o un curioso fantástico british llamado Biggles, sobre viajes en el tiempo, mas algunas cosillas para la TV.

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En La leyenda... nos encontramos con cuatro personajes, a los que un millonario les promete una gran suma a cambio de descubrir el secreto de la mansión Belasco, en la que su antiguo propietario, Emeric Belasco, posiblemente un trasunto literario del famoso mago y satanista Alastair Crowley, practicó toda clase de ritos, orgías y prácticas malignas a principios del siglo XX, hasta que la casa quedó sellada y los que estaban allí se quedaron para siempre, llegando a practicar el canibalismo y falleciendo de inanición o diferentes enfermedades, siendo hallados después, con excepción del propio Belasco, del que nunca más se supo.
Desde entonces, habían ido varios equipos de investigadores que habían muerto o enloquecido en el intento.
La película, que en su momento fue denostada, se ha convertido con el tiempo en película de culto, aunque es mucho más comedida en elementos explícitos de sexo o violencia que el libro, pese a que el guión corre a cargo del propio Matheson.

A destacar la sobriedad de sugerir más que de mostrar, y la excelente labor de sus cuatro (arquetipos) protagonistas, el científico escéptico (Clive Revill) que pretende probar una máquina de su creación para eliminar la causa del encantamiento, que considera física, acompañado por su pusilánime esposa (Gayle Hunicutt), un psiquico que sobrevivió a la investigación de la casa en su adolescencia y decide volver (Roddy McDowall), y la jovencita médium que lleva el peso de la historia (Pamela Franklin, que tuvo unos años de fama en varios títulos de la materia y después desapareció del cine).



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En 1983, se realiza un film homenaje a The Twilight Zone, titulado por estos lares En los límites de la realidad, que es escrito en gran parte por Matheson, constando de cuatro episodios y una introduccion y epílogo, con una curiosa aparición terrorífica del actor Dan Aykroyd.

El primer capítulo lo dirige y escribe (es el único que no corresponde a un texto de Matheson) John Landis, entonces un director prometedor del género (Un hombre lobo americano en Londres, El monstruo de las bananas) y la comedia (Desmadre a la americana), contando la historia de un racista que, como penitencia, es obligado a pasar por diferentes épocas de la historia, sufriendo en la piel de otras razas. El episodio es tristemente famoso por el fallecimiento en accidente de helicóptero durante el rodaje del actor Vic Morrow (padre de la también actriz Jennifer Jason Leigh) y dos niños figurantes, y prácticamente, supuso el fin en el género de Landis, con la excepción del celebérrimo videoclip del Thriller de Michael Jackson.

El segundo episodio, peor aún, corresponde realizarlo a Spielberg, con el argumento de unos ancianos que vuelven a ser niños, aunque en su descargo hay que decir que no era el capítulo que se pretendía adaptar inicialmente, ya que se quiso dar algo de positividad a alguna de las historias.

Es en los dos últimos cortes cuando la cosa se pone realmente interesante, y hacen recomendable por sí solos el visionado del film. Joe Dante, en el tercero, describe la pesadilla de una chica que se ve obligada a refugiarse en la casa de una familia con un hijo que les tiene aterrorizados, pues puede manipular la realidad con su imaginación a su antojo.
Antológica la escena en que la hermana es comida por un dibujo animado (Los Looney Tunes siempre han sido una gran influencia para Dante), o cuando el padre, en un número de magia, saca un conejo monstruoso de una chistera.

Pero es el cuarto episodio el mejor y que justifica toda la pelicula. Dirigido por el australiano George Miller, entonces de plena actualidad por la saga Mad Max, revisa Pesadilla a 20.000 pies, en el que una especie de gremlin pretende boicotear un viaje en avión, siendo observado por un sólo pasajero ante la incredulidad del resto de viajeros (excelente labor de John Lithgow, si bien no supera al intérprete del capítulo televisivo original, William Shatner, el capitán Kirk de Star Trek).

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Después de ésto, y ya en épocas más recientes, destacar El último escalón, basado en una de sus primeras novelas, Stir of Echoes, dirigido por el interesante David Koepp, y como curiosidad, la chica fantasma es Jennifer Morrison, la Dra. Cameron de la serie House.

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Sobre la última adaptación de Soy Leyenda, que respeta el título de la novela, pero poco más, decir que es un vehículo para el lucimiento de Will Smith, lleno de incongruencias (Por ejemplo, el hecho de que desaparezca la humanidad no tiene porque implicar que haya leones en New York, ni siquiera los del zoo, porque nadie les puede sacar de la jaula, y no sé como van a cruzar el Atlántico. Y eso es sólo el principio...).

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Una pena, porque se habló de este proyecto durante muchos años, incluyendo nombres como Ridley Scott o Schwarzenegger. La elección de la ciudad de los rascacielos frente a la original de Los Angeles, resulta además sospechosa y claramente incluida dentro de la psicosis post 11-S.

Recientemente, en la temporada inicial de la serie Maestros del Terror (Masters of horror), se adapta un relato de Matheson (por parte de su propio hijo) en el episodio dirigido por Tobe Hooper, Dance of the dead, por otro lado uno de los más decepcionantes de una serie quizá con más sombras que luces, con sonadas y brillantes excepciones, sobre todo en lo que fueron estas primeras entregas.


Y concluyo así este repaso, seguramente mucho más corto de lo que merece el gran Matheson, pero creo que suficiente para entender su importancia dentro del género.

sábado, 28 de febrero de 2009

ALAN MOORE CONTRA HOLLYWOOD

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Para aquellos para los que el cómic sea un género casi desconocido, comenzaré diciendo, a modo de introducción, que el británico Alan Moore es una de las mayores instituciones de este mundillo, como guionista (si bien empezó como dibujante) de obras como Desde el infierno, La liga de los hombres extraordinarios, V de Vendetta o Watchmen, trabajando para las prestigiosas editoriales Marvel y DC (con las que también tocó el comic de superhéroes en el excelente Batman: la broma asesina o creando la serie del Capitan Britania). Aunque, dada su mentalidad, le ha gustado refugiarse mas de una vez en pequeñas editoriales independientes (sin abandonar nunca del todo las obras mayoritarias), pese a anunciar en 2003, coincidiendo con su 50 cumpleaños, una retirada.
En líneas generales podemos decir que ha tratado de dotar de una mayor estructura literaria a un género del que se supone que carece.

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Moore es un personaje excéntrico, aficionado a la magia, a la buena literatura, de ideología anarquista (que se refleja en algunas sus obras) y mas bien antisocial. Pese a las ganancias obtenidas con sus publicaciones y con los derechos cinematográficos de las adaptaciones de sus obras, sigue habitando su vieja casa de su ciudad natal, Northampton, que pretende convertir en una especie de palacio bizantino, rehuyendo el contacto de la prensa o de sus seguidores.

Pero, si por algo se ha caracterizado Moore, es, precisamente por renegar de las adaptaciones al cine de sus cómics (habria que añadir a las antes mencionadas la de Constantine, film dirigido por Francis Lawrence en 2005 y protagonizado por Keanu Reeves, y que se basa en un personaje secundario de su serie La cosa del pantano), hasta el punto de renegar de ellas, pedir que se le desvincule del proyecto o calificarlas literalmente como porquería, como sucedió en el caso de V de Vendetta.

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Vamos a detenernos en las dos adaptaciones mas recientes (La liga de los hombres extraordinarios, aunque continúa con ella, no es su mejor creación y su adaptación cinematográfica resultó bastante olvidable, aunque si ha servido para que algunos tengan interés en leer los libros en que se basan los personajes que aparecen en ella, ya podemos darlo por bueno).

V de Vendetta, escrita por Moore con dibujos de David Lloyd en 1985, y llevada al cine por James McTeigue en 2005, resultó muy cambiada respecto de la novela grafica original (el guión correspondió a los hermanos Wachowski, responsables de la saga Matrix), ya que por encima de los habituales cambios de personajes o situaciones (suprimidas o añadidas) que suelen producirse en estos casos, el espíritu de la obra se cambió totalmente, otorgándole un aire romántico y algo edulcorado respecto a la idea de Moore, lo que despertó sus iras y decidió renegar de ella y de los derechos futuros que le pudiera generar.


Hay que decir que, tanto V... como Watchmen son obras de mediados de los 80 y consecuencias de una situación politica concreta, como era el ultra conservadurismo del gobierno de Margaret Thatcher en Reino Unido o el de Reagan en USA, o la Guerra Fría, planteando un inmediato futuro en el que se imponen regímenes totalitarios, amenazas bélicas o serios recortes de libertades, resultando desgraciadamente visionarios en cuanto a algunos temas.
Ambas novelas gráficas son bastante duras en sus planteamientos, probablemente Watchmen lo es aún mas, plena de momentos violentos y escenas difíciles de digerir aún para el lector mas avezado como quien escribe esto, mostrando en ambos casos lo peor de la condición humana.

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En el caso de la adaptación de Watchmen, tuvo una gestación complicada, ya que el proyecto inicial que contaba con el visto bueno de Moore, iba a ser llevado a cabo por el director inglés Paul Greengrass (Bloody Sunday, El mito de Bourne, United 93), aunque también sonó Terry Gilliam (ex componente de los Monty Python y director, aparte de alguna de las películas de este grupo, de 12 monos, Las aventuras del Baron Munchausen, el Rey Pescador, Los hermanos Grimm o Miedo y asco en Las Vegas).
Finalmente (desgraciadamente diría yo), tras varios dimes y diretes, la adaptación cayó en manos de Zack Snyder, que ya se había encargado de llevar a la pantalla otra novela gráfica, el 300 de Frank Miller, con discretos resultados, y lo que ha planteado es una versión que se centra (y multiplica) en los elementos mas efectistas de la novela gráfica, conformando un producto mas que discutible, aunque algo mejor que su anterior experiencia.

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Alan Moore, en los Simpson. Arriba, firmando un autógrafo a Bart. Abajo, Milhaus sostiene un ejemplar de los Watchmen en versión infantil en el imaginario cómic "V de Vacaciones"


De todas formas habría sido de agradecer que los distribuidores no presentaran Watchmen como una convencional película de superhéroes apta para todos los públicos, pues luego en las salas probablemente se encuentren con sorpresas desagradables (no es una película para niños aunque muchos acudan erróneamente a las salas con ellos, tal vez ni siquiera para adolescentes). Aunque temas en los que incide la novela gráfica, como la moral, el determinismo, la megalomanía... parecen aquí quedar en segundo plano en detrimento del impacto visual, y nuevamente, al igual que en V de Vendetta, tomándose libertades en cuanto al final.

Por no hablar de los errores de casting: si en V..., Natalie Portman no me parecía adecuada para el papel (de entrada el personaje de Evey en el cómic es una joven desvalida que recurre en última instancia a la prostitución, mientras que en el film es una profesional de la TV, lo que ya lastra el planteamiento inicial), en Watchmen tampoco ha habido mucha mas suerte. Malin Akerman es otra modelo-no actriz que no da el perfil de su personaje, e intérpretes como Billy Crudup o Jeffrey Dean Morgan están especialmente desafortunados, o bien el guión no le ha dado a sus papeles los matices que tenían en su versión dibujada.

Con este panorama, no me extraña el permanente enfado de Moore. En fin, siempre nos quedará leer los comics.

CINE FANTASTICO-TERRORIFICO Y MUSICAL ¿UN BINOMIO IMPOSIBLE?

La pregunta del título me la sugirieron como posible motivo para un artículo, y efectivamente, me resultó difícil hallar ejemplos que combinaran ambos géneros, aparte de algunos que ya conocía con anterioridad y me vinieron inmediatamente a la cabeza, y otros que estarían en la frontera de aparecer aquí o no (¿podría incluirse por ejemplo El mago de Oz, de V. Fleming, con Judy Garland, o alguna antigua película Disney como Fantasía?). Además, el reciente estreno de Repo! The genetic opera (de la que incluyo el cartel aquí abajo), un curioso experimento de Darren Lynn Bousman, director de la saga Saw, con la inclasificable presencia en el reparto, en un papel secundario, de Paris Hilton, puso el tema de relieve. Así que decidí hacer una relación, no exhaustiva (ya que seguro que con una investigación a fondo se podrían hallar más), de este tipo de películas.

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Aparte de las citadas entre paréntesis como posibilidades, la primera que se me ocurriría cronológicamente sería Los 5000 dedos del Dr. T (Roy Rowland, 1953).
Película de culto que recuerdo me angustiaba de pequeño, por su ambiente de pesadilla, aunque, vista de adulto, pueda resultar un tanto pueril con todos esos números musicales casi de opereta, pese a que sigue siendo un producto imaginativo: Un niño que da clases de piano con un tiránico profesor, se queda dormido y sueña (no recuerdo si esto se sabe desde el principio o lo que vemos se presenta como real) que este es una especie de dictador que ha secuestrado a 500 niños en un fantasioso castillo para dar un megaconcierto de piano.

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Otra curiosidad podría ser El extravagante Dr. Doolittle en su version original de 1967 (no el lamentable remake protagonizado por Eddie Murphy que poco tiene que ver), dirigida por Richard Fleischer (el gran director de muchos títulos inolvidables de nuestro género favorito: Viaje alucinante, Soylent Green, 20.000 leguas de viaje submarino, El estrangulador de Boston, El estrangulador de Rillington Place...) y reparto británico (Rex Harrison, Samantha Eggar...), con una ambientación de época y que llegó a ser nominada al Oscar. Sin embargo, hoy día resulta un film casi olvidado; no obstante, pienso que la podemos incluir por su argumento, si bien en este caso mas dirigido a un público familiar.

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Tras esto debería trasladarme a los años 70, donde, en plena fiebre del glam rock, nos encontramos dos títulos casi realizados al mismo tiempo, y que aúnan terror, comedia en mayor o menor medida, y música.

La primera de ellas es una de mis favoritas, El Fantasma del Paraíso (1974), de Brian de Palma, director por el que siento una especial predilección, al menos en esta primera época. Aunque merecería un artículo en exclusiva, básicamente Phantom of The Paradise mezcla elementos de Fausto, El Fantasma de la Opera, el musical glam, la comedia, y una velada crítica a los métodos de la gran industria musical. De hecho, no es difícil reconocer en el personaje de Swan, el malo, interpretado por el compositor y cantante Paul Williams (autor de las canciones del film y también de la premiada banda sonora de la mas reciente versión de Ha nacido una estrella, con Barbra Streisand y Kris Kristofferson, asi como de varios exitos para el duo de pop ligero The Carpenters) determinadas referencias al productor Phil Spector.

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Protagonizada por William Finley, un secundario habitual en las primera películas del director, y Jessica Harper, que aparecería posteriormente en otro curioso musical Pennies from Heaven (1981), con Steve Martin, al que luego mencionaremos. Sin olvidar la excelente labor de Gerrit Graham como estrella de rock con maquillaje e imaginería terrorífica, al estilo de unos Kiss o Alice Cooper.
De Palma realizó esta película entre dos grandes creaciones de temática y estética hitchcockiana, algo habitual en su filmografía inicial, como fueron Hermanas (Sisters, 1972) y Fascinación (Obsession, 1976).

Y el otro ejemplo sería The Rocky Horror picture show (1975), película de culto en los U.S.A. y un poco menos conocida fuera de este país, excepto entre el público especializado, y, al igual que en El Fantasma... con una excelente colección de canciones como banda sonora. Las representaciones de esta película se convirtieron en un acontecimiento en su país, en las cuales el público acudía disfrazado y con difentes objetos de los que hacían uso en momentos señalados de la proyección.
El argumento es la llegada de un joven e ingenuo matrimonio a la llegada del castillo del profesor Frank´n’further (en la que fue probablemente la mejor creación del actor Tim Curry, una especie de Frankenstein travestido (era plena época glam, como antes decía) y contando además con una joven Susan Sarandon.

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Después de esto revisamos los 80, donde nos encontramos con la no muy afortunada La Pequeña Tienda de los Horrores (1986), revisión de una película de Roger Corman de 1960, que en su momento protagonizó un joven Jack Nicholson, y que después fue convertida en musical en Broadway, que es lo que dio pie a este film.
El director es Frank Oz, algo lógico si tenemos en cuenta que Oz fue un estrecho colaborador de Jim Henson, el creador de los Teleñecos (The Muppet Show) y varias películas de muñecos con mayor o menor fortuna (Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto), donde tuvo mucho que ver. Además hizo pequeños papeles en muchas comedias de los primeros 80.
Es lógico que Oz se hiciera cargo de este film si tenemos en cuenta que está protagonizado por una grande y parlante planta carnívora animada. Por lo demás, destacar la aparición de Steve Martin que ya lo había hecho en el antes mencionado musical Pennies from Heaven y Rick Moranis, un habitual en el cine comercial de los primeros 80 (fundamentalmente en papeles cómicos: Cazafantasmas, Cariño he encogido a los niños o Calles de Fuego) y completamente olvidado hoy día.

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Después, la llegada de Tim Burton supuso cierta revitalización del género, probablemente por ser un conocedor de géneros dispares como el cine de Serie B de los 50 y primeros 60 o del cómic, y lo que hizo fue introducir en el fantástico elementos de comedia y de los musicales.
Burton es el creador de la Pesadilla antes de Navidad (que ya mencioné levemente en su momento), un film animado en el que trabajaba desde los 80 y que finalmente fue llevado a la pantalla por el director Henry Selick, también responsable de la menos afortunada James y el melocotón gigante (1996), con producción de Burton, y que tambien contenía alguna canción.

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Y por otro lado tenemos la mas reciente y no muy acertada a mi juicio, Sweeney Todd, en la línea habitual del último Burton, aunque los números musicales han sido habituales en todo su cine.

He tenido dudas de incluir dentro de esta lista una película como Sueños eléctricos (1984), un producto que se anticipó en algo a las comedias juveniles de corte fantástico-cibernético en la que aparecía una jovencisima, dulce y rubia Virginia Madsen (que algún tiempo después protagonizaría un pequeño clásico del genero, revalorizado con el tiempo, como es Candyman, dirigida por Bernard Rose en 1992), años antes de entrar en un olvido del que parece que ha salido en los últimos años, y por la puerta grande, trabajando con gente como el fallecido Robert Altman, en El nº 3 de J. Schumacher o incluso nominada al Oscar por Entre copas.

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Esta es una peli que no es nada del otro mundo, excepto por su condición de pionera de otros títulos similares, y por contener mas canciones de lo habitual, eso si, integradas en la trama, y que recogen nombres que van desde el productor y compositor italiano Giorgio Moroder, habitual en muchas bandas sonoras de corte pseudo-electrónico, como la plana mayor (no siempre la mejor) de del entonces en apogeo estilo new romantic, con gente como Culture Club o Phil Oakey, de The Human League.

Y esto nos llevaría al principio, con Repo, la pelicula con la que comenzamos como ejemplo de una mezcla de géneros que no ha sido demasiado habitual y que sugerimos como posible idea original para proximas producciones.