lunes, 29 de diciembre de 2008

LA GUERRA DE LOS MUNDOS DE WELLS, SEGUN WELLES, 70 AÑOS DESPUES

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N. del A.: Este artículo se publicó originalmente a principios de noviembre de 2008, de ahí que haya cierto desfase temporal en las fechas de las que se habla.


Durante estos días (aunque lleguemos con algo de retraso) se ha hecho alguna referencia en los medios (no demasiadas, dado que estos temas vinculados a la cultura y especialmente al género literario fantástico no interesan demasiado, salvo casos concretos) al 70º aniversario del programa de radio que Orson Welles, entonces precoz actor y director teatral y artista polifacético, hizo en la cadena norteamericana CBS en colaboración con su compañía Mercury Theatre, y que adaptaba la novela de H.G. Wells
La guerra de los mundos, uno de los varios y excelentes clásicos que este autor inglés dejó para la posteridad de la entonces naciente ciencia-ficción y seguramente la primera ocasión (si me equivoco disculpen) en el que se trata la hipótesis de un ataque a la Tierra (en realidad a Londres y localidades cercanas, no consta que lleguen mucho mas lejos, pero no les cuento nada por si no leyeron el libro y deciden hacerlo) por parte de inteligencias extraterrestres (marcianos en este caso).
En realidad, Wells, detrás de esta historia, esconde una presumible crítica al colonialismo e imperialismo mas feroz que habian ejercido países como el suyo, y que implicaba, al igual que pretendían estos invasores alienígenas, la anulación de otras culturas y pueblos conquistados, e incluso podía producir la extinción de civilizaciones enteras y especies animales o vegetales si se hacía un mal uso de ese poder. Por otro lado, pretendía mostrar que una persona cualquiera (por eso seguramente apenas se dan datos del protagonista de la historia, para que el lector se identifique con el narrador) cambia radicalmente cuando se presenta ante una situación límite.

Portada de la edicion de 1913 de La guerra de los mundos

Pero lo que quería comentar era que la sui generis adaptación radiada de Welles, por si alguien aún no conoce la historia, se presentó (aunque se advirtió al principio y al final que era una ficción, y además dicha emisión duró menos de una hora) como un informativo de sucesos reales, con cronistas enviados al lugar donde habían aterrizado (mas bien caído) las naves cilíndricas utilizadas por los marcianos, efectos especiales... provocando, supuestamente, la histeria colectiva en millones de personas. Conviene recordar que el final de la novela, que no voy a desvelar, es relativamente feliz (pese a evocar el dramatismo de alguno de los hechos narrados y la moraleja referida antes), y ese hecho se respetó en la radio, con lo cual hay que pensar que la gente solo escuchó medio programa.
Y cuando me refiero a que supuestamente se provocó esa histeria, es porque hoy día se ha llegado a la conclusión que ese pretendido caos generado en millones de oyentes no fue ni mucho menos así, y que solo unas cuantas personas creyeron la veracidad de lo expuesto. Es decir, que no hubo éxodo masivo de las grandes ciudades ni nada por el estilo; en todo caso en las zonas rurales, mas incomunicadas, es donde pudo cundir una cierta inquietud.
No obstante, a lo largo de las décadas siguientes, en países como Ecuador, México o Portugal se hicieron adaptaciones propias siguiendo la pista de lo realizado por Welles, con reacciones adversas en la población que originaron consecuencias mas dramáticas y reales; sin embargo, estos hechos apenas han trascendido a nivel público, al contrario de lo de 1938, convertido en auténtica leyenda urbana.

Monumento a La guerra de los mundos en la ciudad inglesa de Woking, Surrey


A grandes rasgos, recordaremos dos adaptaciones cinematográficas, la realizada en 1953 por Byron Haskin, con buenos resultados y unos efectos especiales estimables que se llevaron el Oscar, pero muy alejada del texto de Wells, y situada en el contexto de la Guerra Fría que dio lugar a una época dorada de la Ciencia-Ficción y la Serie B (de ese mismo año es Invasores de Marte, de William Cameron Menzies); y está muy reciente la de Spielberg en 2005, que aunque recupera algunos elementos de la novela, sigue estando alejada y además se sitúa en el momento actual (me parece mas interesante la ambientación original en torno a 1900, en un mundo que empezaba a abrirse a la tecnología y donde no había aviones, combatiendo los ingenios marcianos con fuego de artillería y avanzando elementos como la guerra bacteriológica, en ambos sentidos).
También hubo, a finales de los 70, una curiosa adaptación musical de Jeff Wayne, en forma de doble LP que intercalaba narración y diálogos (tuvo versión española), con las canciones interpretadas por Justin Hayward de The Moody Blues; un gran éxito en su momento y que desgraciadamente amenaza con ser recuperado y encima convertido en musical.
Junto a ello, el variado filón de secuelas generadas por la novela incluye desde varios cómics a obras mas desconocidas como Sherlock Holmes’War of the worlds, escrita por Manly y Wade Wellman en 1975, que sitúan al popular detective en el contexto de La Guerra de los mundos.

Diferentes cadenas radiaron el 30 de octubre un programa conmemorativo de esta emisión, adaptándola al español con voces conocidas de nuestras ondas, pero como decía antes, no ha habido demasiado interés en promocionar este hecho. Así que para los interesados, dejo este enlace
a la página de The Mercury Theatre on the air que permite acceder a descargarse o escuchar la emisión original de la CBS.

lunes, 22 de diciembre de 2008

SOBREVIVIENDO A LA NAVIDAD

Vuelvo tras un pequeño intervalo sin publicar (aunque es bastante probable que a partir de ahora mis artículos en esta página se espacien más), y, pese a que las fiestas navideñas no sean mis fechas preferidas (más bien al contrario) del calendario (y cada año menos, este en especial), si que había pensado hacer referencia a algunos films del género relacionados de algún modo con ello.

Algo muy difícil si tenemos en cuenta que en estos días, y desde tiempo inmemorial, suelen primar las producciones taquilleras y para un público familiar, y los argumentos bienintencionados. Por cierto, ahora que hablo de estrenos en estos momentos del año, ¿Cómo puede gustarle a uno la Navidad si se aprovecha para estrenar un remake tan innecesario y fallido como Ultimátum a la Tierra, cargándose la obra maestra de Robert Wise en 1951 (de algunas películas no se deberían permitir nuevas versiones) y además, de forma totalmente oportunista en cuanto al argumento?.

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Y una vez hecho este inciso, me vienen a la mente al respecto, por ejemplo, las fechas en que se sitúa la acción de Gremlins (1983), o Pesadilla antes de Navidad (1993), de un Tim Burton más inspirado que en los últimos años (¿estuvo este hombre inspirado alguna vez, en realidad?), el episodio And all through the house de Cuentos de ultratumba (1972), ya comentada al hablar de los films británicos de episodios de la productora Amicus y que se revisó en la posterior serie televisiva americana Tales from the crypt, basada en los mismos cómics), e incluso Inocentada sangrienta (1986), un slasher que acaba convertido en parodia de los mismos, pero cuyo título original es April fool's day, porque en el mundo anglosajón el día de los Inocentes, efectivamente, es en temporada primaveral.

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Pero, sobre todo, Navidades Negras (1974), producción canadiense dirigida por Bob Clark, al que por cierto, ya es la tercera vez que menciono aquí (lo hice con la interesante Asesinato por decreto, al tratar el tema Sherlock Holmes y posteriormente con Children shouldn't play with dead things), y que fue pionera de los slashers, anticipándose a Viernes 13 o Halloween, sin que mucha gente sea consciente de ello.

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El tema es que hace un par de años se hizo una nueva versión, manteniendo el título pero no tanto el argumento, y que pasó por cierto relativamente desapercibida, mereciendo mejor suerte dentro de lo que cabe. Y lo lamento especialmente por el protagonismo en ella de una de mis chicas favoritas de los últimos tiempos, Mary Elizabeth Winstead, la cual va bien encaminada para convertirse en una scream queen (Destino final 3, Death proof o esta misma son algunos ejemplos).

Como ahora mismo esto es lo más acorde a la temática que se me ha ocurrido por Navidad (mucho peores son seguramente cualquiera de los programas especiales que invaden la TV por estas fechas), aprovecho, pese a todo, para darles la felicitación de rigor, ya que dudo que Fan-cine fantaterrorífico retorne antes de 2009; eso si, lo hará con ilusiones renovadas y muchas reseñas de interés (como las publicadas hasta ahora, espero).

lunes, 17 de noviembre de 2008

LOS MUNDOS ANIMADOS DE RALPH BAKSHI

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Ralph Bakshi ha sido uno de los autores que, desde un comienzo, intentó renovar la producción de cine animado norteamericano, teniendo en cuenta, además, que sus primeros trabajos coincidieron con la crisis que experimentó el género a partir de la segunda mitad de los 60.

Nacido en Palestina en 1938, cuando este territorio estaba bajo dominio británico, se trasladó de muy pequeño a New York con su famila, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Una vez graduado en la Escuela de Arte, comenzó rapidamente a trabajar en el mundo de los dibujos animados, coloreando personajes del popular estudio de animación TerryToons, entre ellos el famoso Super Ratón (Mighty Mouse), en la que fue la última y decadente etapa de estas producciones.

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No obstante, el trabajo de Bakshi destacó tanto que la Paramount le contrató para encargarse de varios films de animación, como dibujante y director. En concreto dos cortos, Marvin digs y Mini Squirts, a partir de 1967, y el largo Fritz the cat en 1972, basado en los cómics de uno de los iconos underground, Robert Crumb, y seguramente uno de los primeros intentos, o el primero, de dibujos animados para adultos (llegó a obtener la calificación X en su momento, quizá por tratarse de un film de animación, pero lo considero exagerado). De cualquier forma, aunque Fritz... tuvo cierto éxito, Crumb renegó de la adaptación cinematográfica de su personaje (que incluso tuvo alguna secuela, ya sin la presencia de Bakshi), hasta el punto de dejar de dibujar al popular felino.

El éxito permitio a Bakshi realizar al año siguiente Heavy traffic, lo que supuso un cambio de registro también por el hecho de que, como haría posteriormente en El Señor de los Anillos, mezclaba imagen real con dibujos y la vieja técnica del rotoscopio, que consiste en dibujar sobre actores de carne y hueso filmados previamente. Este es el trailer.




Después siguieron un par de títulos menores, Streets fights y Wizards, para acometer el gran proyecto (coincidiendo con un renovado interés por la obra en aquel momento y una adaptación animada reciente de El Hobbit para TV), inicialmente previsto en dos partes, de The Lord of the rings, una adaptación que tenía en mente el director británico John Boorman en un solo film (!) y con personajes reales, pero este no llegó a un acuerdo con el propietario de los derechos, el productor Saul Zaentz.

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La verdad es que se habló mucho de este film cuando se estrenaron las películas de Jackson, y no puedo añadir mas, pues daría para otro artículo. Hay una gran división entre los detractores y defensores. En todo caso, creo que sus defectos vienen de la innecesaria mezcla de animaciones, que a veces resulta arcaica y tosca para 1978, del problema de comprimir libro y medio en una película de dos horas (lo que hace que la acción vaya a salto de mata y todo ocurra de forma muy rápida y esquemática, complicando las cosas a los que no hayan leído el libro) y la caracterización de algunos personajes claves del libro resulta discutible.

En el haber me gustaría mencionar que Peter Jackson, que afirma desconocer la adaptación de Bakshi, creo que miente, pues se inspira descaradamente en ella en muchos momentos, como en el aspecto de los jinetes negros (no en el de los Hobbits, más fiel en la animación), en la utilización de un prólogo introductorio o en la supresión de los mismos pasajes del texto en ambos casos. Hay que destacar también de la versión de Bakshi la fidelidad a la novela y lo impactante de algunas secuencias.

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El Señor de los Anillos resultó un fracaso mas relativo que real, ya que tuvo cierto éxito, pero los productores esperaban un impacto mucho mayor, en atención a la inversión realizada. Así que El Retorno del Rey acabó adaptándose dos años después con los mismos productores, pero en las manos de Jules Bass y Harry Rankin, comenzando la trama donde había acabado la anterior y enfocando el argumento a un público infantil, que la deja como una curiosidad casi desconocida incluso para los seguidores de Tolkien.

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Despues de esto llegó otro titulo destacable aunque a nivel minoritario, American Pop, en 1981, que narraba la evolución de varias generaciones de una familia de músicos, y que incluía en la banda sonora temas que iban, entre otros, de Gershwin a Herbie Hancock, Bob Dylan, Jimi Hendrix, The Velvet Underground o The Doors.

Posteriormente, con Tygra, hielo y fuego (1983) trataba de seguir la pista perdida de El Señor de los Anillos, mezclada con la épica de cómics como Conan (de hecho, se hizo en colaboración con el dibujante Frank Frazetta, autor de numerosas viñetas fantásticas), en la que un héroe debe salvar a una princesa de un malvado que puede dominar el hielo.

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A mi juicio, Tygra... supuso el canto de cisne del mejor Bakshi, ya que se enfrascó en una serie de productos menores, y el fracaso de Cool World (1991), planteada como una especie de versión adulta de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Who framed Rogger Rabbit, dirigida por Robert Zemeckis en 1988) y que no funcionó comercialmente ni artisticamente, relegó de forma definitiva al dibujante y realizador a un segundo plano.

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Durante los últimos años, Bakshi ha seguido haciendo algunas cosas poco relevantes, como guionista y productor para la cadena HBO, pero valga este texto para reivindicar parte de la obra de este autor, que sin ser un Miyazaki, merece una cierta reivindicación de sus creaciones, todo lo contrario de lo que ocurre.

sábado, 8 de noviembre de 2008

ALMAS DE METAL (1973)

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Estos últimos días nos ha sorprendido la noticia del fallecimiento de Michael Crichton (1942-2008), doctor en medicina, escritor, guionista y director de cine. Y como pensaba dedicarle antes o después un espacio a esta película, he pensado que era una buena idea hacerlo ahora, a modo de recordatorio de su creador.

Si bien la trayectoria de Crichton se ha movido casi siempre en todas sus facetas en ámbitos multitudinarios (es autor de las novelas, y en la mayoría de casos, también del guión, de La amenaza de Andrómeda, El Hombre Terminal, El gran asalto al tren, Esfera, Congo, Twister, El guerrero nº 13, Parque Jurásico o Sol Naciente, y director de películas como la que hoy nos ocupa o Coma) los resultados a nivel cualitativo no han sido, en la mayoria de los casos, brillantes.

Sin embargo, creo que Westworld (título original del film que comento) puede ser una excepción, pues sin ser una obra maestra y habiendo perdido algo con los años, me parece un producto recuperable e interesante, precedente claro de impactantes éxitos de la ciencia ficción ochentera, como la saga Terminator e incluso otra entretenida película dirigida por el propio Crichton, Runaway brigada especial (1984) con Tom Selleck y un divertido Gene Simmons, miembro del grupo Kiss, haciendo de malvado.

En Almas de metal, encontramos en cierto modo un precedente de lo que luego veremos en la saga jurásica, ya que la acción se sitúa en una especie de parque temático (en época futura, creo recordar, pese a las arcaicas pantallas monocromáticas de los ordenadores que se utilizan, que además funcionan con cinta) en la que se representan 3 etapas históricas: Imperio Romano, Edad Media y el Oeste Americano (¿es casual que sean los momentos mas representados por la industria de Hollywood?, ¿tal vez una metáfora de Crichton?), poblados por robots idénticos a los humanos, excepto un defecto en las manos que los diferencia.

Estos cyborgs están programados para obedecer en todo a los humanos; por ejemplo, en la zona del Western se programan incluso duelos con revólveres, donde la principal atracción es un autómata conocido como El Pistolero (interpretado por un excelente Yul Brynner, en una de sus pocas incursiones en el género fantástico), y en el que las personas siempre deben ganar.
Pero a lo largo de la película vamos comprobando que no es oro todo lo que reluce: poco a poco se van produciendo pequeños fallos donde todo se suponía que era perfecto, y los robots empiezan a rebelarse. En un duelo en la zona medieval, un visitante resulta muerto, y tras ello, los técnicos deciden cortar el suministro.

Entretanto, los dos protagonistas, interpretados por el posteriormente director Richard Benjamin y por James Brolin, son ajenos a lo que ocurre, ya que han tenido una pelea y se han emborrachado. Al despertar, el personaje de Brolin, que desconoce el cambio producido, reta a un duelo al Pistolero, con las fatales lógicas consecuencias, y a partir de ahí se produce una persecución al amigo superviviente a través del parque desierto, lleno de cadáveres de visitantes y robots desconectados, en la que el cyborg se muestra incansable y casi invulnerable.

Aún con sus defectos, se trata seguramente de uno de los mayores aciertos de Crichton, tanto en el texto como detrás de la cámara, y dio lugar a una secuela, Almas de Metal 2 (Futureworld, 1976) dirigida por Richard T. Heffron y sin Crichton tampoco en el guión, manteniendo diferencias argumentales con la original, pese a transcurrir en el mismo y ahora reconstruido parque y contar con una pequeña aparición de Brynner, resultando esta segunda parte un producto curioso (con la presencia de Peter Fonda, por ejemplo) pero con un corte casi telefílmico, y tan intrascendente como olvidable (y olvidada).


viernes, 31 de octubre de 2008

AMICUS FILMS O EL CINE BRITANICO DE EPISODIOS EN LOS 60 Y 70

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Durante los años 60, los norteamericanos Milton Subotsky y Max J. Rosenberg crearon en Inglaterra la productora Amicus Films, que se especializaría en cine fantaterrorifico, un género con el que ambos fundadores ya habían tenido contacto en su país de origen.

La principal característica de la Amicus, y aquello por lo que más se la recuerda hoy día, son las películas de episodios (de hecho, su primera creación ya iba en esa dirección y fue tal vez la mejor de ellas, Doctor Terror, dirigida por Freddie Francis en 1965), convirtiéndose en la competencia directa de la Hammer y llegando a contar con alguno de los actores y directores mas representativos de esa factoría británica, como el propio Peter Cushing, que ya protagonizó la anteriormente citada y repetiría en varias más de las que ahora vamos a hablar.

Pese a lo dicho, esta compañía también produjo varios ejemplos de películas de una sola pieza, aunque con resultados irregulares, como La carrera de la muerte (Gordon Hessler, 1969) o La bestia debe morir (Paul Annett, 1974). Por otro lado, también hay que destacar que se encargó de llevar a la pantalla grande por primera vez a la popular y más longeva serie de la ciencia ficción britanica, Doctor Who (que incluso ha generado spin-offs como Torchwood), en Dr. Who and The Daleks (1965) y Daleks - Invasion Earth 2150 AD (1966), ambas de Gordon Flemyng y de nuevo con Cushing como protagonista, siendo los únicos largometrajes basados en el personaje que se realizarían hasta muchos años después (con algunos problemas de producción, ya que el nombre de Amicus debió ser eliminado en una de ellas a solicitud de la compañía asociada, British Lion, debiendo crear la filial Aarus films).

Si me permiten un inciso para la reflexión, esto nos trae a la mente la habitual retroalimentación TV-Cine y más en un género como este, ya que algunas de las películas de las que vamos a hablar inspiraron seguramente posteriores producciones inglesas para la pequeña pantalla como Tensión (con guiones en algunos episodios de Robert Bloch, autor por ejemplo de Psicosis o de varios episodios de la serie Alfred Hitchcock presenta, y que escribió el libreto tambíén, además de otros largos de la Amicus, de The torture garden, la película que siguió, tres años después, la estela de Doctor Terror, o de The house that dripped blood y Asylum, en las que ahora profundizaremos), La casa del terror (Hammer House of horror) o Misterio (Hammer House of mystery & suspense), a las que dedicamos un buen espacio en su momento, y donde algunos de sus capítulos beben directamente en las fuentes de estas películas.
No podemos obviar el precedente de una serie televisiva como Viaje a lo desconocido, producida por la oponente Hammer que seguía la pista en las islas de la americana The twilight zone, de Rod Serling, con guiones en muchos casos de Richard Matheson.

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Dando marcha atrás en el tiempo, los antecedentes más claros en el cine británico los podemos encontrar en una producción clásica de la Ealing como Al morir la noche (Dead of night, 1945), en la que prácticamente por primera vez, nos encontramos con una película de este tipo.
Hay una trama común, en este caso unos personajes que son reunidos en un caserón, donde deben contar cada uno de ellos una narración de corte sobrenatural, que constituyen los diferentes episodios en que se divide el film. Para terminar, como ocurrirá de forma habitual en todas estas producciones, se vuelve a la historia inicial, que sirve de nexo común, y, al igual que aquí, normalmente con una sorpresa final. La diferencia podemos hallarla en que en Dead of night se contó hasta con cuatro realizadores (Basil Dearden, Charles Crichton -que dirigió mucho después Un pez llamado Wanda-, Alberto Cavalcanti y Robert Hamer, eficaces profesionales pero no brillantes), mientras que de los productos Amicus se encargó un solo director. Por otro lado, Al morir la noche ha perdido la capacidad de sorpresa que tuvo en su momento, sobre todo para el aficionado al género, no obstante, por su condición de pionera y sobre todo por sus dos últimos relatos sigue siendo una película a tener muy en cuenta.

Volviendo al presente que nos ocupa, tras comenzar el subgénero con las mencionadas Doctor Terror y The torture garden, es en los 70 cuando se produce el apogeo de este estilo.

Estas fueron las producciones Amicus de episodios en esa década:

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La mansión de los crímenes/ The house that dripped blood (1971): Como dijimos, cuenta con guión de Robert Bloch, pero la dirección del discreto Peter Duffell impide mejores resultados. Pese a todo, es un film correcto aunque, como todas estas películas, hay relatos con mejor nivel que otros, lo que a veces lleva a cierta irregularidad.
En el reparto, nos encontramos con habituales de estos films, como el inevitable Cushing, Christopher Lee o Denholm Elliott.
El escenario común es una investigación realizada en una vieja mansión acerca de unas desapariciones. En el primer episodio, Method for murder, un escritor imagina el personaje de un estrangulador que acaba existiendo en la vida real. En Waxworks, un hombre halla en un museo de cera una figura que se parece mucho a una mujer que amó en el pasado. El propietario de la exposición es en realidad un psicópata. En Sweets to the sweet, un padre tiene una hija problemática, y su nueva institutriz descubre que esto es debido a su afición al vudú, especialmente a un muñequito que es exactamente igual a su progenitor. The cloak trata sobre un actor que debe interpretar a un vampiro. Lo que no sabe es que la capa que ha comprado para llevar a cabo de su papel perteneció a un chupasangres auténtico, y empieza a notar cambios en su comportamiento. Tal vez esta sea la mejor de las historias.

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Refugio macabro/Asylum (1972): De nuevo con guión de Bloch a partir de relatos suyos, esta vez la dirección corresponde a Roy Ward Baker, un artesano habitual de muchas producciones Hammer (especialmente la excelente ¿Que sucedió entonces? en 1967, y algunas del subgénero vampírico) y de numerosos trabajos para la TV. Una vez más, tenemos a Cushing como protagonista, esta vez acompañado de Herbert Lom, Patrick Magee, Britt Ekland, Charlotte Rampling o Barbara Parkins. El hilo conductor son las historias que cuentan un grupo de pacientes de un psiquiátrico al aspirante a suceder al antiguo director, el cual se encuentra camuflado entre estos narradores, teniendo que adivinar el sustituto su identidad para conseguir su plaza.
Los episodios son:
Miedo helado: Un marido infiel asesina a su mujer tras acordarlo con su amante, la descuartiza y guarda los trozos de su cuerpo en el congelador que le acababa de regalar. Pero las diferentes partes de su esposa cobran vida y empiezan a aparecer por la casa moviéndose dentro de su envoltorio.
El Sastre: Un hombre recibe el encargo de confeccionar un traje con una tela muy extraña, y de hacerlo sólo a determinadas horas, determinadas por la astrología.
Lucy viene para quedarse: Una mujer, tras pasar por crisis nerviosas, visita a su hermano, el cual le asigna una enfermera debido a su situación, cosa que a ella le molesta. Mientras, una amiga le informa que quieren deshacerse de ella.
Los muñecos del horror: Un neurocirujano, encerrado en el sanatorio mental, se ha especializado durante su estancia en crear maniquís a imagen y semejanza de sus colegas de profesión. Acaba haciendo uno igual a él, al que cree que puede dar vida con el poder de su mente y utilizarlo con fines vengativos.
Como suele ocurrir, la última historia quizá sea la mejor, lo que deja, por regla general, buen sabor de boca tras visionar estos films. Pero además, Refugio macabro puede ser la más acertada cualitativamente de todas las expuestas, pese a que las diferencias entre todas ellas no las considero sustanciales.

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Condenados de ultratumba/ Tales from the crypt (1972): Aquí, Subotsky y Rosenberg pasan a adaptar los viejos comics terroríficos de la EC en los años 50, creados por Gaines y Feldstein, con todo lo que ello conlleva, ya que la presencia del humor negro se refuerza. Y además aciertan, pues con Tales... consiguen su mayor recaudación.
El encargado de la dirección es Freddie Francis, que repite tras Doctor Terror. El nexo común son unos personajes que llegan, siguiendo una guía turística, a una cripta donde el guardián (interpretado por el veterano Ralph Richardson, al que se añaden otra vez Cushing y Magee, más Joan Collins o Nigel Patrick, entre otros) les cuenta una serie de historias.
En And all through the house, una mujer desea asesinar a su marido la noche de Navidad. Al mismo tiempo, un psicópata disfrazado de Papa Noel se acaba de fugar. En Reflection of death, tal vez el mejor de todos los capítulos y donde se utiliza acertadamente el recurso de la cámara subjetiva, como en La Senda Tenebrosa (Delmer Daves, 1947), seguimos a una persona que ha sufrido un accidente de coche al abandonar a su esposa. Supuestamente recuperado del mismo, al intentar volver a su vida cotidiana nota cambios y extrañas reacciones en las personas con las que se va encontrando, incluidos sus allegados, motivados por algo que sabremos al final. En Poetic Justice, unos vecinos hacen la vida imposible a un anciano para que les venda su propiedad, provocando su suicidio. Wish you were here es una revisión de La pata de mono, famoso cuento de W.W. Jacobs. Por último, en Blind Alley los internos de un asilo para ciegos se vengan del maltrato de su nuevo intendente.
Francis, director no muy bien valorado, realiza un trabajo correcto en líneas generales, sin llegar al nivel de su anterior colaboración con la Amicus.

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Cuentos de ultratumba/From beyond the grave (1973): En este caso el punto de partida son unos relatos de R. Chetwynd-Hayes, y el director encargado es el tan discreto como prolífico Kevin Connor, entregado desde hace mucho al medio televisivo de forma casi exclusiva.
El nexo común aquí es una tienda de antigüedades (cuyo propietario es ¿adivinan quien?, exacto: Peter Cushing) y cuatro objetos de la misma que obtienen unos clientes, pero de forma irregular, lo que dará pie a las consiguientes historias:
The gate crasher: Edward compra un antiguo espejo a menor precio del real, engañando al vendedor. Tras realizar una sesión de espiritismo con él, en la que se ve trasladado en el espacio y el tiempo, una noche le llaman desde dentro del espejo. Se trata de alguien no humano que habita en el interior del mismo, y deberá alimentarlo con la sangre de victimas de sus asesinatos.
An act of kindness: Christopher, un oficinista aburrido de su vida, traba amistad con un ex-militar que vende cerillas en la calle; para hacerse pasar por soldado, roba una medalla de la tienda. Esto le permite conocer a la hija del ex-combatiente y pensará en deshacerse de su esposa con ayuda de ella.
The elemental: Un hombre compra una cajita cambiándole el precio para pagar menos. En el viaje de regreso, coincide con una vidente en el tren, que afirma que el objeto comprado contiene un elemental, extraño ser que solo ella puede ver. Pero además le informa que este es de los malos, lo que puede poner en peligro su vida y la de su esposa.
The door: Un hombre compra una puerta carísima y al instalarla en su casa comprueba con sorpresa que, a través de ella, accede a una extraña estancia que contiene un libro y el cuadro de un caballero. Pero descubre que alguien habita ese lugar.
Junto a Cushing, figuran en el reparto David Warner, Donald Pleasence o Lesley-Anne Down.

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La bóveda de los horrores/The vault of horror (1973): Nuevamente basándose en comics de la EC y otra vez con Roy Ward Baker en la dirección, llega la última producción Amicus de estas características y tal vez la menos interesante. De hecho, William Gaines, responsable de la editorial de comic books, rompió un contrato que tenía con la Amicus (en el cual habían acordado nuevos films inspirados en sus viñetas), disgustado por como había quedado la película.
Cinco personajes atrapados en un sótano dan pie a los episodios de turno: En el primero, Midnight mess, un hombre asesina a su hermana para quedarse con una herencia y después entra a un restaurante para celebrarlo. En The neat job, unos recién casados se instalan en su nueva casa y el marido se enfada porque cree que su esposa le cambia los objetos de lugar. En el tercero, This trick'll kill you, un mago asesina a una mujer para hacerse con una soga mágica de la India. Seguidamente, en el fragmento titulado Bargain in death, un hombre simula su muerte para cobrar el seguro, pero su falso cadáver es hallado por unos estudiantes de Medicina, que pretenden experimentar con él. Y en el quinto y último, Drawn and quartered, un pintor se venga de sus representantes pintando cuadros de ellos que, al ser destruidos, provocan también su muerte.
Sin Cushing esta vez, repite Denholm Elliott, que ya aparecía en La mansión de los crímenes, junto a Curd Jurgens o Dawn Addams.

En 1977 desapareció oficialmente la Amicus, pero Subotsky aún tuvo tiempo de crear la Sword and Sorcery Productions, que realizó un par de films en esta línea, The uncanny (Dennis Heroux, 1977) y El Club de los monstruos (The monster club), dirigida por Roy Ward Baker en 1980, y basada nuevamente en relatos de Chetwynd Hayes, que aparece además como personaje, interpretado por John Carradine, siendo mordido por un vampiro (Vincent Price), que al conocer su identidad le lleva a dicho club donde se le narran unas historias, destacando especialmente la tercera, Humgoo story, la única estrictamente terrorífica ya que el resto tiene un tono más bien paródico (De hecho, aparece un personaje llamado Lintom Busotsky, presentado como un "vampiro productor cinematográfico"). Pero, pese a ello y a los actores protagonistas, la película se pierde en su corte casi telefílmico y en unos números humorísticos y musicales (aparecen grupos como los Pretty Things y creo recordar que unos primerizos UB 40), quizá concesión a un público joven, que la dejan como una curiosidad inferior a sus precedentes.


Si bien Dan Curtis, especialista del terror de serie B y televisivo en los USA, ya había hecho algo similar en los años dorados de la Amicus, es en los 80, finiquitado el cine de terror británico de episodios, cuando los americanos toman el relevo, con películas como En los límites de la realidad (1983), en la que no me extiendo pues ya hablamos largamente de ella (al igual que de Curtis) en el amplio artículo que dedicamos a Matheson, Creepshow (George A. Romero, 1982), Creepshow 2 (Michael Gornick, 1987), Los ojos del gato (Lewis Teague, 1985) o El gato infernal (John Harrison, 1990), estas cuatro últimas muy relacionadas con el multimillonario escritor Stephen King, con resultados en la mayoria de casos al menos curiosos y entretenidos, pero que supusieron probablemente el canto de cisne de este estilo cinematográfico.

THE Z FILES: SLASHERS "SUI GENERIS" PARA LA VISPERA DE HALLOWEEN

Antes que nada he de decir que, pese al título, no soy demasiado partidario de que una fiesta tan ajena a la cultura mediterránea como la de Halloween se haya apoderado a lo largo de los últimos años (por cuestiones únicamente mercadotécnicas e intereses comerciales creados) de estas fechas, hasta no hace mucho ajenas a calabazas y disfraces (y conste que uno no es precisamente un defensor de las tradiciones; aunque lo de representar Don Juan Tenorio en los teatros españoles en esta época siempre me llamó la atención). Pero si que aprovecho en cambio para, y siguiendo la pista del maestro John Carpenter (que dejó para la posteridad uno de los primeros y mas famosos slashers muy relacionado con este día), hacer referencia a una serie de películas de muy diverso pelaje (podían haber sido otras, pero me vinieron a la mente estas; otro año haré una nueva selección), caracterizadas por contener a unos psicópatas un tanto peculiares, e ideales para una sesión de cine esta misma noche, y que paso a referir ordenadas cronológicamente.

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Ensayo de un crimen (La vida criminal de Archibaldo de la Cruz) (1955): Tengo cierto cariño por la etapa mexicana de Luis Buñuel, que para mi gusto es la mejor de su filmografía. Esta película funcionó bastante bien, contrariamente a lo que era habitual en otras producciones suyas, y pese a ser considerada por él mismo un entretenimiento, resulta de las mas divertidas e inquietantes que realizó. Basada en una novela de Rodolfo Usigli en la que se introdujeron cambios argumentales, sigue la pista, en tono algo paródico, de algunos films americanos que mezclaban suspense con elementos de psicoanálisis y que habían triunfado en la década anterior, como Luz que agoniza (Gaslight, de George Cukor, 1944) o Recuerda (Spellbound, dirigida por Hitchcock -la evidente relación entre el cine de Buñuel y el del maestro del suspense merecería un análisis- en 1945).

Archibaldo de la Cruz cumple las condiciones de muchos protagonistas del cineasta de Calanda: millonario, maduro y reprimido. Vive solo en una mansión, acompañado únicamente del servicio, y es aficionado a la alfarería. Un día se presenta ante un juez autoinculpándose del asesinato de varias mujeres. Ya cuando era pequeño, su institutriz, tras una discusión con él, murió a causa de una bala perdida cuando sonaba su caja de música. Una vez adulto, encuentra esa caja en una tienda, y al escuchar su melodía, resurgen nuevamente sus instintos criminales. Desea la muerte de varias mujeres, sobre todo si despiertan su deseo o le han engañado (como su propia prometida, mujer a la que admiraba por su pureza, tras descubrir que mantiene una relación a sus espaldas), pero estas víctimas potenciales suelen fallecer poco tiempo después por otros motivos, sin que él pueda intervenir, con lo cual el se siente culpable de esos hechos, por el simple motivo de haberlo pensado.
Como triste curiosidad, destacar que la protagonista femenina, Miroslava Stern, se suicidó al poco de finalizar el rodaje, siendo incinerada; y en una escena, un maniquí hecho a semejanza del personaje que interpreta (Lavinia, una modelo y guía turistica de gringos) es quemado en su horno por Archibaldo, al no poder consumar con ella ni su amor ni sus deseos homicidas. Al final de la historia, el juez, tras escuchar su relato, le dice a Archibaldo que no se preocupe por ello y una vez sale a la calle, tras perdonar la vida a un insecto demostrándose que se ha "redimido", se encuentra con Lavinia y ambos se marchan caminando felizmente, dando una nueva oportunidad a la vida.
Película bastante curiosa y recomendable, cuenta con una buena labor de los protagonistas, comenzando por Ernesto Alonso, que da vida al personaje principal y ya trabajó con Buñuel en Abismos de pasión (1953), su particular versión de Cumbres borrascosas.

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A medianoche me llevaré tu alma/ A meia noite levarei a sua alma (1963):
El director Jose Mojica Marins, no ha sido muy conocido hasta hace poco fuera de Brasil, pero sin embargo en su país es una institución. Os recomiendo dar un repaso a su curiosa biografía. Creador de un personaje, Ze do Caixao (Jose del Ataúd sería la traducción al español y es conocido como Coffin Joe en el mundo anglosajón) que ha dado lugar incluso a cómics o series de TV.
Ze es un enterrador, una especie de encarnación del mal, siempre con su traje negro, capa, chistera y barba, con uñas larguisimas que el propio Mojica Marins se dejó crecer de verdad durante años (se comenta que en una comparecencia publica, un seguidor le arrancó una creyendo que eran postizas), todos le temen y es capaz de las peores crueldades. Esta es su primera comparecencia en la gran pantalla: hay que decir que los presupuestos de sus producciones eran ínfimos y montó su primer estudio nada menos que en un gallinero. Para hacer este film empeñó todas sus propiedades.
Nada más empezar, aparece una hechicera que nos advierte para que no veamos la película y que mejor nos vayamos a casa. Los que decidan verla, se encontrarán con el gore mas delirante, casi pionero, pues se trata de una producción de 1963, donde tantas dosis de sangre y vísceras aún no eran habituales. La excusa argumental (Ze do Caixao busca una mujer para perpetúar su maldad con un descendiente, ya que su esposa es estéril) no es demasiado relevante, como en ninguna de sus creaciones.
Mojica Marins continuó con su alter ego en Esta noche poseeré tu cadáver (1967) o Delirios de un anormal (1970), que hace honor a su título.

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El asesino del taladro/ Driller Killer (1979): Abel Ferrara, director algo sobrevalorado, es otro realizador de la escuela neoyorquina que podría ser una version degradada de Martin Scorsese. En realidad, las temáticas de sus primeras películas no difieren mucho, con la diferencia que en Driller Killer se opta por una estética feísta y desagradable que trata de impactar al espectador menos avezado (con exceso de violencia y efectismo) y que será una constante en su carrera (que incluye una versión de La invasión de los ladrones de cuerpos) a veces más lúcida, pero ahora en decadencia. Aquí, además, Ferrara asume el papel de actor protagonista, aunque con el seudónimo de Jimmy Laine.
Ferrara/Laine incorpora a un pintor que tiene problemas para acabar un cuadro que espera sea su obra maestra (tal vez un reflejo del propio autor), debido a múltiples problemas: sus compañeras de piso no pagan su parte, tiene de vecinos a una banda de punk que no paran de armar ruido y bronca (hay que tener en cuenta que es la epoca del apogeo de este sonido en N.Y., del club CBGB, de The Ramones, Blondie, Talking Heads, Television... la ciudad debía ser un hervidero de nuevos sonidos y grupos en aquel momento), y demás perturbaciones varias.
Un día, en un programa tipo Teletienda, observa el anuncio de un taladrador y piensa que puede ser una solución a su falta de inspiración. Asi que comenzará una especie de limpieza de la ciudad, de los que él considera responsables, un poco al estilo de Travis Bickle, el personaje de Robert De Niro en Taxi Driver (1976), pero con tonos mas gore y sucios, si bien se plantea muchas veces como algo que puede estar en la mente del protagonista. A mi juicio, resulta pretenciosa y discutible, y ha tenido un remake en 2008 que no conozco.

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Burning moon (1992): Si han llegado hasta aquí y aún quieren mas, cerraremos con algo de Olaf Ittenbach, uno de los mas célebres practicantes de ese subgénero llamado gore alemán, y que tuvo escasos momentos de mucho éxito, fundamentalmente, si la incluimos ahí, la saga Nekromantik, de Jorg Buttgereit.
Ittenbach, que empezó con 20 años a hacer el gamberro con Blackpast (1989), de producción casi casera, y que perpetró con posterioridad cosas como Premutos (Premutos, der gefallene Engel, 1997), realizó entre ambas esta, su segunda pelicula y quizá su obra más conocida.
En ella, un joven heroinómano que se queda una noche al cuidado de su hermana pequeña, decide contarle dos enternecedoras historias:
En la primera, una chica descubre que su novio es un psicótico cuando le invita a casa y se carga a su familia.
La segunda narra la historia de un sacerdote fanático que secuestra y sacrifica jóvenes, para supuestamente, salvar almas.
Si han visto alguna de las películas de Ittenbach, ya saben lo que les espera en cuanto a excesos fundamentalmente hemoglobínicos.


Feliz noche.

miércoles, 8 de octubre de 2008

LEMORA, UN CUENTO SOBRENATURAL (1973)

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Hoy voy a dedicar un breve y modesto recuerdo a una película poco conocida en España y menos aún recordada, pero que contiene suficientes elementos para ser elevada a la categoría de cult movie. A diferencia de otros films de los que hablo aquí, no tengo un recuerdo reciente de ella, más bien todo lo contrario, por lo que en este caso solo daré breves apuntes, pero me parecía lo suficientemente importante para dedicarle este espacio.

Su titulo original era Lemora, a child's tale of the supernatural, aunque en algunos países se conoció como Lemora, poseída del diablo e incluso Lemora, Lady Dracula.

Su realizador, Richard Blackburn, no dirigió más películas (únicamente algunos episodios de la serie Tales from the darkside), y este hecho sorprende viendo los resultados de su ópera prima. Además fue autor del guión de la curiosa ¿Y si nos comemos a Raul? (Paul Bartel, 1982).

Básicamente lo que aquí se plantea es el enfrentamiento entre el bien absoluto, encarnado en la virginal adolescente Lila Lee (Cheryl "Rainbeaux" Smith), cantante en el coro de la iglesia local y Lemora (Lesley Gilb), una vampiresa que ejerce el papel de polo opuesto, con todo lo que ello conlleva.

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Por cierto, la mencionada actriz protagonista, Cheryl Smith, falleció prematuramente en 2002 por problemas con las drogas que ya venían de muy atrás, mientras que Lesley Gilb no volvió a hacer cine nunca más. Esto unido a lo antes comentado acerca del director y a los problemas de censura y distribución que tuvo Lemora, la convierten en un producto con un aura de malditismo que refuerza aún más su carácter de producto singular.

La trama argumental nos presenta a la mencionada Lila Lee, que ha sido criada por el párroco local (que siente por ella algo a medio camino entre la admiración por su virtud y cierta fascinación reprimida), ya que su madre fue asesinada por su padre al hallarla con su amante, y como consecuencia de ese acto, huyó del lugar.
En su fuga, llegó al pueblo de Asteroth (significativo nombre), donde unos vampiros salieron a su encuentro.

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Años después, Lila recibe una carta presuntamente de su progenitor, que le solicita que acuda para recibir su perdón en el lecho de muerte. En el viaje, tras toparse con extraños personajes, se repite la misma circunstancia que ocurrió años atrás, y tras ello, la joven aparece en casa de Lemora, que dice ser la anfitriona del lugar.

Llegados a este punto, nos encontramos con extrañas situaciones y amenazas, añadiéndose a ello los trucos y trampas que Lemora utiliza para pervertir la virtud de la joven y corromper su alma, atrayéndola al mal. Algo que nos recuerda la esencia de cuentos como Blancanieves, Caperucita Roja, Alicia a través del espejo o a la trama de películas posteriores como En compañía de lobos (Neil Jordan, 1984).

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Aunque inicialmente la natural bondad de Lila le hace confiar en Lemora, pese a saber que se encuentra ante un ser maléfico y sobrenatural, luego las cosas cambiarán, derivando a un extraño final.

Nos encontramos, pues, ante una metáfora de la perdida de la inocencia y un viaje iniciático, un cuento macabro pero extrañamente bello, con unas excelentes ambientación y fotografía, plena de lenguaje simbólico y oscura poesía.

No encontré un trailer de la película, pero sí este video con imágenes de la misma, que me sirve como cierre de esta reseña.