sábado, 28 de febrero de 2009

CINE FANTASTICO-TERRORIFICO Y MUSICAL ¿UN BINOMIO IMPOSIBLE?

La pregunta del título me la sugirieron como posible motivo para un artículo, y efectivamente, me resultó difícil hallar ejemplos que combinaran ambos géneros, aparte de algunos que ya conocía con anterioridad y me vinieron inmediatamente a la cabeza, y otros que estarían en la frontera de aparecer aquí o no (¿podría incluirse por ejemplo El mago de Oz, de V. Fleming, con Judy Garland, o alguna antigua película Disney como Fantasía?). Además, el reciente estreno de Repo! The genetic opera (de la que incluyo el cartel aquí abajo), un curioso experimento de Darren Lynn Bousman, director de la saga Saw, con la inclasificable presencia en el reparto, en un papel secundario, de Paris Hilton, puso el tema de relieve. Así que decidí hacer una relación, no exhaustiva (ya que seguro que con una investigación a fondo se podrían hallar más), de este tipo de películas.

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Aparte de las citadas entre paréntesis como posibilidades, la primera que se me ocurriría cronológicamente sería Los 5000 dedos del Dr. T (Roy Rowland, 1953).
Película de culto que recuerdo me angustiaba de pequeño, por su ambiente de pesadilla, aunque, vista de adulto, pueda resultar un tanto pueril con todos esos números musicales casi de opereta, pese a que sigue siendo un producto imaginativo: Un niño que da clases de piano con un tiránico profesor, se queda dormido y sueña (no recuerdo si esto se sabe desde el principio o lo que vemos se presenta como real) que este es una especie de dictador que ha secuestrado a 500 niños en un fantasioso castillo para dar un megaconcierto de piano.

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Otra curiosidad podría ser El extravagante Dr. Doolittle en su version original de 1967 (no el lamentable remake protagonizado por Eddie Murphy que poco tiene que ver), dirigida por Richard Fleischer (el gran director de muchos títulos inolvidables de nuestro género favorito: Viaje alucinante, Soylent Green, 20.000 leguas de viaje submarino, El estrangulador de Boston, El estrangulador de Rillington Place...) y reparto británico (Rex Harrison, Samantha Eggar...), con una ambientación de época y que llegó a ser nominada al Oscar. Sin embargo, hoy día resulta un film casi olvidado; no obstante, pienso que la podemos incluir por su argumento, si bien en este caso mas dirigido a un público familiar.

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Tras esto debería trasladarme a los años 70, donde, en plena fiebre del glam rock, nos encontramos dos títulos casi realizados al mismo tiempo, y que aúnan terror, comedia en mayor o menor medida, y música.

La primera de ellas es una de mis favoritas, El Fantasma del Paraíso (1974), de Brian de Palma, director por el que siento una especial predilección, al menos en esta primera época. Aunque merecería un artículo en exclusiva, básicamente Phantom of The Paradise mezcla elementos de Fausto, El Fantasma de la Opera, el musical glam, la comedia, y una velada crítica a los métodos de la gran industria musical. De hecho, no es difícil reconocer en el personaje de Swan, el malo, interpretado por el compositor y cantante Paul Williams (autor de las canciones del film y también de la premiada banda sonora de la mas reciente versión de Ha nacido una estrella, con Barbra Streisand y Kris Kristofferson, asi como de varios exitos para el duo de pop ligero The Carpenters) determinadas referencias al productor Phil Spector.

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Protagonizada por William Finley, un secundario habitual en las primera películas del director, y Jessica Harper, que aparecería posteriormente en otro curioso musical Pennies from Heaven (1981), con Steve Martin, al que luego mencionaremos. Sin olvidar la excelente labor de Gerrit Graham como estrella de rock con maquillaje e imaginería terrorífica, al estilo de unos Kiss o Alice Cooper.
De Palma realizó esta película entre dos grandes creaciones de temática y estética hitchcockiana, algo habitual en su filmografía inicial, como fueron Hermanas (Sisters, 1972) y Fascinación (Obsession, 1976).

Y el otro ejemplo sería The Rocky Horror picture show (1975), película de culto en los U.S.A. y un poco menos conocida fuera de este país, excepto entre el público especializado, y, al igual que en El Fantasma... con una excelente colección de canciones como banda sonora. Las representaciones de esta película se convirtieron en un acontecimiento en su país, en las cuales el público acudía disfrazado y con difentes objetos de los que hacían uso en momentos señalados de la proyección.
El argumento es la llegada de un joven e ingenuo matrimonio a la llegada del castillo del profesor Frank´n’further (en la que fue probablemente la mejor creación del actor Tim Curry, una especie de Frankenstein travestido (era plena época glam, como antes decía) y contando además con una joven Susan Sarandon.

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Después de esto revisamos los 80, donde nos encontramos con la no muy afortunada La Pequeña Tienda de los Horrores (1986), revisión de una película de Roger Corman de 1960, que en su momento protagonizó un joven Jack Nicholson, y que después fue convertida en musical en Broadway, que es lo que dio pie a este film.
El director es Frank Oz, algo lógico si tenemos en cuenta que Oz fue un estrecho colaborador de Jim Henson, el creador de los Teleñecos (The Muppet Show) y varias películas de muñecos con mayor o menor fortuna (Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto), donde tuvo mucho que ver. Además hizo pequeños papeles en muchas comedias de los primeros 80.
Es lógico que Oz se hiciera cargo de este film si tenemos en cuenta que está protagonizado por una grande y parlante planta carnívora animada. Por lo demás, destacar la aparición de Steve Martin que ya lo había hecho en el antes mencionado musical Pennies from Heaven y Rick Moranis, un habitual en el cine comercial de los primeros 80 (fundamentalmente en papeles cómicos: Cazafantasmas, Cariño he encogido a los niños o Calles de Fuego) y completamente olvidado hoy día.

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Después, la llegada de Tim Burton supuso cierta revitalización del género, probablemente por ser un conocedor de géneros dispares como el cine de Serie B de los 50 y primeros 60 o del cómic, y lo que hizo fue introducir en el fantástico elementos de comedia y de los musicales.
Burton es el creador de la Pesadilla antes de Navidad (que ya mencioné levemente en su momento), un film animado en el que trabajaba desde los 80 y que finalmente fue llevado a la pantalla por el director Henry Selick, también responsable de la menos afortunada James y el melocotón gigante (1996), con producción de Burton, y que tambien contenía alguna canción.

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Y por otro lado tenemos la mas reciente y no muy acertada a mi juicio, Sweeney Todd, en la línea habitual del último Burton, aunque los números musicales han sido habituales en todo su cine.

He tenido dudas de incluir dentro de esta lista una película como Sueños eléctricos (1984), un producto que se anticipó en algo a las comedias juveniles de corte fantástico-cibernético en la que aparecía una jovencisima, dulce y rubia Virginia Madsen (que algún tiempo después protagonizaría un pequeño clásico del genero, revalorizado con el tiempo, como es Candyman, dirigida por Bernard Rose en 1992), años antes de entrar en un olvido del que parece que ha salido en los últimos años, y por la puerta grande, trabajando con gente como el fallecido Robert Altman, en El nº 3 de J. Schumacher o incluso nominada al Oscar por Entre copas.

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Esta es una peli que no es nada del otro mundo, excepto por su condición de pionera de otros títulos similares, y por contener mas canciones de lo habitual, eso si, integradas en la trama, y que recogen nombres que van desde el productor y compositor italiano Giorgio Moroder, habitual en muchas bandas sonoras de corte pseudo-electrónico, como la plana mayor (no siempre la mejor) de del entonces en apogeo estilo new romantic, con gente como Culture Club o Phil Oakey, de The Human League.

Y esto nos llevaría al principio, con Repo, la pelicula con la que comenzamos como ejemplo de una mezcla de géneros que no ha sido demasiado habitual y que sugerimos como posible idea original para proximas producciones.

viernes, 30 de enero de 2009

RECORDANDO ALGUNAS SERIES DE TV (2)

Dentro del laberinto



No confundir esta serie con la película con música y marionetas dirigida por Jim Henson y protagonizada por Jennifer Connelly y un David Bowie en su momento más hortera y menos inspirado.
Esta producción de la HTV británica fue realizada a principios de los 80 y emitida en España a partir de 1982, en 3 temporadas (con 7 capítulos cada una de 30 minutos), si bien en la última desaparecían la mayoría de protagonistas de las dos primeras y resultaba muy inferior a ellas, dando muestras de agotamiento.

El argumento, escrito por el propio director Peter Graham Scott junto a Bob Baker (responsable de varios episodios de Dr. Who), se inicia con una pareja de hermanos que están jugando en el bosque y topan con una tormenta que les lleva a refugiarse en una cueva (las cavernas de Cheddar, que existen realmente y salían en los créditos de la serie). Ahí se encuentran con Phil, un chaval de raza negra algo mas mayor, en su misma situación. Escuchan una llamada de socorro y rescatan a Rothgo (interpretado por el actor Ron Moody que hacía el papel de Fagin en la versión musical de Oliver Twist, Oliver, dirigida por Carol Reed en 1968), un mago inmortal (de los buenos) y que ha quedado muy debilitado tras su enfrentamiento con Belor (Pamela Salem), su oponente femenina y la mala de la serie; ambos buscan una especie de fuente de energía llamada Nidus, y para ayudar a Rothgo, los chicos debían viajar en el tiempo por diferentes épocas (desde la Revolución Francesa a la antigua Grecia, eso si, sin salir de la gruta), en las cuales coinciden con ambos magos “disfrazados”. El Nidus se identifica por una especie de brillo que podía encontrarse en algún objeto concreto y por ello se busca con espejos y otras cosas reflectantes. Una vez era hallado, debían juntar sus brazos e invocar al mago que debía reclamar la energía, pero Belor podía denegárselo y se iniciaba un enfrentamiento entre ambos. Al final de la primera temporada, se hacían con el Nidus y Belor era destruida, Rothgo les regalaba a los niños una especie de cristales mágicos en agradecimiento y les borraba la memoria.

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Pero en la 2ª temporada los cristales les vuelven a llevar a la cueva y se encuentran con una situación similar a la del principio tras la resurrección de Belor, y que vuelve a terminar con el triunfo del Bien.
En la 3ª temporada solo se mantuvieron los personajes de Phil y Belor, el mago bueno era ahora un tal Lazlo (Chris Harris), un personaje bastante ridículo que en ningún momento tuvo el carisma de su antecesor y esta temporada pasó desapercibida e incluso no recuerdo si se emitió completa en España, adonde llegó con retraso. Sin duda fue una de mis series favoritas en aquel momento y se ha reeditado recientemente en DVD (solo en inglés).
Hoy en día cantan mucho los efectos especiales, que resultan casi pueriles, así como algunas escenas de los enfrentamientos “cósmicos” que parecen repetidas. En el aspecto argumental e interpretativo la serie era imaginativa y además tuvo el mérito de recrear varios momentos históricos (con un presupuesto limitado) lo que además podía resultar instructivo para el público destinatario, de hecho la serie contó con suficiente éxito para ser repuesta varias veces en nuestro país, y hoy en día, con el auge de videojuegos e historias de tipo mágico, no desentonaría, excepto por los detalles mencionados anteriormente.

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The children of the stones

Conocida en España como Los chicos de las piedras o tal vez Los chicos de Stonehenge (creo que no transcurría realmente en este lugar), fue otra producción de la prolífica HTV inglesa, emitida por la ITV, que al parecer formaba una especie de trilogía (The third eye) con la mencionada Dentro del Laberinto, y no sé si con la que trataré a posteriori, Bajo la Montaña. Originalmente es de finales de los 70, pero aquí se emitió a principios de la década siguiente. Los creadores fueron Jeremy Burnham y Trevor Ray.

Un astrofísico y su hijo llegan a una pequeña localidad de la campiña inglesa, caracterizada por estar rodeada de una formación de menhires que incluyen una especie de santuario de antiguos cultos. Precisamente, la labor del investigador es estudiar estas piedras y sus posibles efectos de magnetismo.
Rápidamente observan que los habitantes del pueblo son extrañamente amables, que de vez en cuando se reúnen en circulo en torno a una iglesia abandonada y que parecen mostrar cierta sumisión a un rico hacendado de la localidad (que además es el casero de los protagonistas) y que revela grandes conocimientos en cuestiones científicas. Otros personajes son una madre y su hija recién llegadas al pueblo (por tanto ajenas a lo que sucede) y que entablan amistad con los protagonistas, y un vagabundo que vive en el círculo de piedras y dice estar por ello protegido.



Las primeras investigaciones indican que hay algo extraño en torno a la formación megalítica, de hecho al tocar los menhires se recibe una especie de descarga de energía. No voy a contar más por si alguien puede verla y prefiere descubrirlo por sí mismo.
La serie producía de niño un cierto malrollismo (si se me permite inventar esta palabra), sobre todo vinculada a la sensación de las piedras como seres vivos, o al hecho de enfocar constantemente un cuadro que hay en la casa, en el cual aparece gente danzando en la oscuridad (no recuerdo si junto a las piedras) en torno a una especie de fuego o luminosidad; escenas todas ellas aderezadas con una mas que inquietante música minimalista consistente en un coro a capella, al estilo de la que se oye cuando aparece el monolito de 2001, y mantiene cierta fuerza vista de adulto (es fácil de encontrar en inglés, aparte que sus escasos 7 capítulos de 25 minutos no cansan).
No es necesario destacar la sobriedad de una serie británica y la profesionalidad de intérpretes como Gareth Thomas, Iain Cuthbertson o Freddie Jones. Eso si, una serie quizá excesivamente compleja para un público adolescente al que pudiera ir dirigida.

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Bajo la montaña (Under the mountain)

Serie neozelandesa algo posterior en cuanto a su emisión que las referidas, aunque la fecha de producción original es similar (1982). En ella, nos encontramos con una pareja de niños gemelos que, en sus vacaciones, tienen enfrente una extraña familia de vecinos, los Wilberforce, que viajan en un Rolls Royce, y que en realidad son unos alienígenas cuya verdadera forma es la de babosas del tamaño de un hombre, con la finalidad de destruir el planeta.
Un anciano que en realidad es otro extraterrestre de una raza en combate con aquellos, tuvo un encuentro con los gemelos una vez estos se perdieron siendo mas pequeños, ayudándoles, y descubriendo que tenían ciertas facultades extrasensoriales que los convierte en elegidos para destruir a las babosas. Para ello solo hay un método, que si falla puede provocar su destrucción (como ya ocurrió con otros destinados a esa misión), e incluso la de la humanidad.

Les entrega a cada uno unas piedras, roja y azul respectivamente, con las cuales en un momento determinado deben crear, desde lo alto de un volcán, una especie de campo de energía que servirá para acabar con los extraterrestres-babosa.
Recuerdo vagamente que estos habían creado una especie de pasadizo viscoso que conducía al mar. Por supuesto, no cuento la resolución, aunque la verdad es que no la recuerdo con exactitud.
Sobre esta serie hay tan pocas referencias en la red como posibilidades de recuperar sus episodios. Para mi sorpresa, y no ha podido ser mas oportuna esta reseña, se va a hacer una versión en 2009 en la propia Nueva Zelanda, con guión del propio creador original Maurice Gee, eso si, desconozco si llegará a los cines españoles o incluso será un producto únicamente para la TV. Eso si, el primer capítulo completo está colgado en la red en versión original, y es esto que viene a continuación.




Chocky

John Wyndham es un escritor de ciencia ficción bastante e injustamente desconocido fuera del Reino Unido, excepto para los que somos muy aficionados al género. De su mano salieron novelas como El día de los Trífidos, historia post-apocalíptica sobre una invasión de plantas carnívoras gigantes producidas en laboratorios secretos, ante una humanidad que ha quedado en su mayor parte ciega tras observar unas luces en el cielo (con excepción de algunos supervivientes que tratan de salir adelante entre el caos, en los cuales se centra la historia), llevada al cine en 1962 (que también conoció, por cierto, una versión televisiva por la BBC en 1981, de la cual hablaría, pero tuvo poca distribución en España), y que posee muchos elementos que seguramente fueron tomados por Danny Boyle para su film 28 días después (desde el mismo comienzo, que es practicamente calcado en ambos casos). Pero también escribió obras como El misterio de las profundidades, Los cucos de Midwich, que dio lugar a la/s película/s El Pueblo de los Malditos (tanto la original de 1960 como el remake de John Carpenter en los 90) o Chocky, a la que nos referimos.



Chocky, como todas las referidas anteriormente, es una serie de culto sobre un niño, Matthew, que habla con un amigo imaginario (materializado ante él como una especie de nebulosa), situación que acaba preocupando a sus padres. Pero este amigo es en realidad un/a extraterrestre, eso si, con fines pacíficos (pretende saber cosas de la vida en la Tierra y ayuda a mejorar la inteligencia de Matthew hasta convertirlo en un superdotado), nada que ver con los anteriormente citados. Pero esto le pone en peligro, porque hay oscuros intereses que secuestrarán al niño para obtener información.
Adaptada por Anthony Read para la Thames, la serie constó de 6 capítulos de una media hora de duración, protagonizados por el niño Andrew Ellams. Y conoció una segunda y tercera parte con cambios de argumento y personajes.
Por cierto acabo de enterarme, al tiempo de escribir esto, que al parecer Spielberg prepara una adaptación. Así pues, al igual que en Bajo la montaña, ha sido oportuno este recordatorio.

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El joven Sherlock (Young Sherlock: The mystery at Manor House)

Olvidada adaptación realizada en 1982 (y emitida algo después en España) del famoso detective en época adolescente y juvenil. Nada que ver con la posterior película del mismo nombre conocida en España como El secreto de la pirámide.
Me permito mencionar esta serie dada la poca información en español que hay sobre ella en la red, y por mi afición al personaje. Creo recordar que, tras morir algún familiar directo, este joven Sherlock Holmes era llevado a casa de unos tíos o similar, donde desarrollaba sus talentos poniendo al descubierto una conspiración para asesinar (o derrocar) a la reina Victoria, en la que estaban implicados ingleses e hindúes.

Protagonizada por Guy Henry, secundario habitual al que hemos podido ver recientemente con papeles en Extras o Roma, junto a Christopher Villiers interpretando a un primo lejano de Holmes que acaba siendo Moriarty, creo recordar, y como curiosidad, Lewis Fiander, uno de los protagonistas de ¿Quien puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), haciendo de sirviente hindú.

Por cierto, esta serie coincidió en las pantallas temporalmente con otra breve producción británica injustamente olvidada, Cribb, protagonizada por un detective de Scotland Yard (el que daba título a la serie, interpretado por Alan Dobie) al mas puro estilo Sherlock Holmes y ambientada en su misma época (contando por supuesto con un Watson particular), y basada en la novelas de Peter Lovesey.

RECORDANDO ALGUNAS SERIES DE TV (1)

La verdad es que aunque si que he dedicado algún artículo relativo y exhaustivo al tema, reconozco que no he tocado demasiado la cuestión de las series de TV de género fantástico y terrorífico, sobre todo valorando que en mi infancia abundaban producciones de calidad en este sentido que contribuyeron a mi afición al tema, junto a otras que se reponían de épocas pretéritas.

De hecho en los últimos tiempos (aunque nunca se han dejado de hacer) creo que hay un cierto auge de este tipo de series: Heroes, Medium, True blood, Moonlight, Torchwood, Dresden, Sobrenatural, Jekyll, Pesadillas y alucinaciones, Maestros del Terror y tantas otras, incluso en países de habla española como México con 13 miedos y la defenestrada resurrección en España de Historias para no dormir, desterrada tristemente al mercado del DVD por Tele 5, algo por cierto habitual en nuestro país con estos productos televisivos atípicos (recuerdo a finales de los 80 y principios de los 90, dos series de episodios independientes, como Historias del otro lado, tras la que estaba Garci y sus habituales colaboradores, y la más oscura Crónicas del mal, en la que colaboraron directores como Iván Zulueta, completamente proscritas por TVE y que no han tenido jamás a bien reponer ni sacar a la venta, y solo alguna TV local las ha recuperado por la puerta de atrás).

Lo que pretendo aquí es hacer un recuerdo personal de algunas series de mi primera infancia, lo que implica que algunas de ellas estaban dirigidas a un público como mucho adolescente, y tal vez no serían las mejores, pero como digo, es una pequeña visión nostálgica en la que no influyen ni la cantidad (seguramente me esté olvidando de muchas) ni la calidad (en todo caso destacar que ninguna de ellas es una producción norteamericana), y por tanto el propio lenguaje a la hora de describirlas será posiblemente demasiado coloquial, ya que estará basado en mi propia memoria y no en referencias externas que por cierto, en español son escasas en la red. Además espero contribuir a que aquellos que busquen algo al respecto tengan un punto de referencia. Lo dividiré en dos partes para que no se haga demasiado largo de una sola vez.

Los hombres del mañana



Esta era la cabecera de The tomorrow people, título original de Los hombres del mañana. Esta serie fue producida por la Thames (si, esa que salía la Torre de Londres reflejada bajo un cielo azul y que dio pie a tantas series) para la ITV y el creador fue Roger Price. La serie originalmente comenzó a emitirse a principios de los 70, se extendió durante toda la década y al parecer tuvo una continuación a mediados de los 90 que desconozco.

Los protagonistas eran un grupo de niños y jóvenes que tenían capacidades más avanzadas que el resto de los humanos, como la posibilidad de comunicarse telepáticamente entre ellos, y su centro de operaciones se localizaba en una vieja estación de metro, desde donde combatían amenazas tipicas de los productos Sci-fi, especialmente extraterrestres y supervillanos varios, al estilo de otras series compatriotas como Dr. Who o la mas reciente Torchwood, junto a un Superordenador llamado Tim que les podía teletransportar.

Originalmente en el Reino Unido tuvo 8 temporadas, las cuales se subdividían en tramas con titulos como Los esclavos de Jedikiah, La estirpe de la medusa o La guerra de los Imperios, que cubrían 3 ó 4 capítulos cada una.
Al ser una serie popular en su país de origen, es relativamente fácil de hallar, eso si, en inglés (hacerlo con la versión en español es misión imposible). Los actores protagonistas mas habituales (ya que algunos cambiaron en las diferentes temporadas) fueron Nicholas Young, Peter Vaughan-Clarke o Elizabeth Adare, mientras que la voz de Tim corrió a cargo de Philip Gilbert.

(CONTINUARA)

lunes, 29 de diciembre de 2008

LA GUERRA DE LOS MUNDOS DE WELLS, SEGUN WELLES, 70 AÑOS DESPUES

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N. del A.: Este artículo se publicó originalmente a principios de noviembre de 2008, de ahí que haya cierto desfase temporal en las fechas de las que se habla.


Durante estos días (aunque lleguemos con algo de retraso) se ha hecho alguna referencia en los medios (no demasiadas, dado que estos temas vinculados a la cultura y especialmente al género literario fantástico no interesan demasiado, salvo casos concretos) al 70º aniversario del programa de radio que Orson Welles, entonces precoz actor y director teatral y artista polifacético, hizo en la cadena norteamericana CBS en colaboración con su compañía Mercury Theatre, y que adaptaba la novela de H.G. Wells
La guerra de los mundos, uno de los varios y excelentes clásicos que este autor inglés dejó para la posteridad de la entonces naciente ciencia-ficción y seguramente la primera ocasión (si me equivoco disculpen) en el que se trata la hipótesis de un ataque a la Tierra (en realidad a Londres y localidades cercanas, no consta que lleguen mucho mas lejos, pero no les cuento nada por si no leyeron el libro y deciden hacerlo) por parte de inteligencias extraterrestres (marcianos en este caso).
En realidad, Wells, detrás de esta historia, esconde una presumible crítica al colonialismo e imperialismo mas feroz que habian ejercido países como el suyo, y que implicaba, al igual que pretendían estos invasores alienígenas, la anulación de otras culturas y pueblos conquistados, e incluso podía producir la extinción de civilizaciones enteras y especies animales o vegetales si se hacía un mal uso de ese poder. Por otro lado, pretendía mostrar que una persona cualquiera (por eso seguramente apenas se dan datos del protagonista de la historia, para que el lector se identifique con el narrador) cambia radicalmente cuando se presenta ante una situación límite.

Portada de la edicion de 1913 de La guerra de los mundos

Pero lo que quería comentar era que la sui generis adaptación radiada de Welles, por si alguien aún no conoce la historia, se presentó (aunque se advirtió al principio y al final que era una ficción, y además dicha emisión duró menos de una hora) como un informativo de sucesos reales, con cronistas enviados al lugar donde habían aterrizado (mas bien caído) las naves cilíndricas utilizadas por los marcianos, efectos especiales... provocando, supuestamente, la histeria colectiva en millones de personas. Conviene recordar que el final de la novela, que no voy a desvelar, es relativamente feliz (pese a evocar el dramatismo de alguno de los hechos narrados y la moraleja referida antes), y ese hecho se respetó en la radio, con lo cual hay que pensar que la gente solo escuchó medio programa.
Y cuando me refiero a que supuestamente se provocó esa histeria, es porque hoy día se ha llegado a la conclusión que ese pretendido caos generado en millones de oyentes no fue ni mucho menos así, y que solo unas cuantas personas creyeron la veracidad de lo expuesto. Es decir, que no hubo éxodo masivo de las grandes ciudades ni nada por el estilo; en todo caso en las zonas rurales, mas incomunicadas, es donde pudo cundir una cierta inquietud.
No obstante, a lo largo de las décadas siguientes, en países como Ecuador, México o Portugal se hicieron adaptaciones propias siguiendo la pista de lo realizado por Welles, con reacciones adversas en la población que originaron consecuencias mas dramáticas y reales; sin embargo, estos hechos apenas han trascendido a nivel público, al contrario de lo de 1938, convertido en auténtica leyenda urbana.

Monumento a La guerra de los mundos en la ciudad inglesa de Woking, Surrey


A grandes rasgos, recordaremos dos adaptaciones cinematográficas, la realizada en 1953 por Byron Haskin, con buenos resultados y unos efectos especiales estimables que se llevaron el Oscar, pero muy alejada del texto de Wells, y situada en el contexto de la Guerra Fría que dio lugar a una época dorada de la Ciencia-Ficción y la Serie B (de ese mismo año es Invasores de Marte, de William Cameron Menzies); y está muy reciente la de Spielberg en 2005, que aunque recupera algunos elementos de la novela, sigue estando alejada y además se sitúa en el momento actual (me parece mas interesante la ambientación original en torno a 1900, en un mundo que empezaba a abrirse a la tecnología y donde no había aviones, combatiendo los ingenios marcianos con fuego de artillería y avanzando elementos como la guerra bacteriológica, en ambos sentidos).
También hubo, a finales de los 70, una curiosa adaptación musical de Jeff Wayne, en forma de doble LP que intercalaba narración y diálogos (tuvo versión española), con las canciones interpretadas por Justin Hayward de The Moody Blues; un gran éxito en su momento y que desgraciadamente amenaza con ser recuperado y encima convertido en musical.
Junto a ello, el variado filón de secuelas generadas por la novela incluye desde varios cómics a obras mas desconocidas como Sherlock Holmes’War of the worlds, escrita por Manly y Wade Wellman en 1975, que sitúan al popular detective en el contexto de La Guerra de los mundos.

Diferentes cadenas radiaron el 30 de octubre un programa conmemorativo de esta emisión, adaptándola al español con voces conocidas de nuestras ondas, pero como decía antes, no ha habido demasiado interés en promocionar este hecho. Así que para los interesados, dejo este enlace
a la página de The Mercury Theatre on the air que permite acceder a descargarse o escuchar la emisión original de la CBS.

lunes, 22 de diciembre de 2008

SOBREVIVIENDO A LA NAVIDAD

Vuelvo tras un pequeño intervalo sin publicar (aunque es bastante probable que a partir de ahora mis artículos en esta página se espacien más), y, pese a que las fiestas navideñas no sean mis fechas preferidas (más bien al contrario) del calendario (y cada año menos, este en especial), si que había pensado hacer referencia a algunos films del género relacionados de algún modo con ello.

Algo muy difícil si tenemos en cuenta que en estos días, y desde tiempo inmemorial, suelen primar las producciones taquilleras y para un público familiar, y los argumentos bienintencionados. Por cierto, ahora que hablo de estrenos en estos momentos del año, ¿Cómo puede gustarle a uno la Navidad si se aprovecha para estrenar un remake tan innecesario y fallido como Ultimátum a la Tierra, cargándose la obra maestra de Robert Wise en 1951 (de algunas películas no se deberían permitir nuevas versiones) y además, de forma totalmente oportunista en cuanto al argumento?.

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Y una vez hecho este inciso, me vienen a la mente al respecto, por ejemplo, las fechas en que se sitúa la acción de Gremlins (1983), o Pesadilla antes de Navidad (1993), de un Tim Burton más inspirado que en los últimos años (¿estuvo este hombre inspirado alguna vez, en realidad?), el episodio And all through the house de Cuentos de ultratumba (1972), ya comentada al hablar de los films británicos de episodios de la productora Amicus y que se revisó en la posterior serie televisiva americana Tales from the crypt, basada en los mismos cómics), e incluso Inocentada sangrienta (1986), un slasher que acaba convertido en parodia de los mismos, pero cuyo título original es April fool's day, porque en el mundo anglosajón el día de los Inocentes, efectivamente, es en temporada primaveral.

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Pero, sobre todo, Navidades Negras (1974), producción canadiense dirigida por Bob Clark, al que por cierto, ya es la tercera vez que menciono aquí (lo hice con la interesante Asesinato por decreto, al tratar el tema Sherlock Holmes y posteriormente con Children shouldn't play with dead things), y que fue pionera de los slashers, anticipándose a Viernes 13 o Halloween, sin que mucha gente sea consciente de ello.

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El tema es que hace un par de años se hizo una nueva versión, manteniendo el título pero no tanto el argumento, y que pasó por cierto relativamente desapercibida, mereciendo mejor suerte dentro de lo que cabe. Y lo lamento especialmente por el protagonismo en ella de una de mis chicas favoritas de los últimos tiempos, Mary Elizabeth Winstead, la cual va bien encaminada para convertirse en una scream queen (Destino final 3, Death proof o esta misma son algunos ejemplos).

Como ahora mismo esto es lo más acorde a la temática que se me ha ocurrido por Navidad (mucho peores son seguramente cualquiera de los programas especiales que invaden la TV por estas fechas), aprovecho, pese a todo, para darles la felicitación de rigor, ya que dudo que Fan-cine fantaterrorífico retorne antes de 2009; eso si, lo hará con ilusiones renovadas y muchas reseñas de interés (como las publicadas hasta ahora, espero).

lunes, 17 de noviembre de 2008

LOS MUNDOS ANIMADOS DE RALPH BAKSHI

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Ralph Bakshi ha sido uno de los autores que, desde un comienzo, intentó renovar la producción de cine animado norteamericano, teniendo en cuenta, además, que sus primeros trabajos coincidieron con la crisis que experimentó el género a partir de la segunda mitad de los 60.

Nacido en Palestina en 1938, cuando este territorio estaba bajo dominio británico, se trasladó de muy pequeño a New York con su famila, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Una vez graduado en la Escuela de Arte, comenzó rapidamente a trabajar en el mundo de los dibujos animados, coloreando personajes del popular estudio de animación TerryToons, entre ellos el famoso Super Ratón (Mighty Mouse), en la que fue la última y decadente etapa de estas producciones.

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No obstante, el trabajo de Bakshi destacó tanto que la Paramount le contrató para encargarse de varios films de animación, como dibujante y director. En concreto dos cortos, Marvin digs y Mini Squirts, a partir de 1967, y el largo Fritz the cat en 1972, basado en los cómics de uno de los iconos underground, Robert Crumb, y seguramente uno de los primeros intentos, o el primero, de dibujos animados para adultos (llegó a obtener la calificación X en su momento, quizá por tratarse de un film de animación, pero lo considero exagerado). De cualquier forma, aunque Fritz... tuvo cierto éxito, Crumb renegó de la adaptación cinematográfica de su personaje (que incluso tuvo alguna secuela, ya sin la presencia de Bakshi), hasta el punto de dejar de dibujar al popular felino.

El éxito permitio a Bakshi realizar al año siguiente Heavy traffic, lo que supuso un cambio de registro también por el hecho de que, como haría posteriormente en El Señor de los Anillos, mezclaba imagen real con dibujos y la vieja técnica del rotoscopio, que consiste en dibujar sobre actores de carne y hueso filmados previamente. Este es el trailer.




Después siguieron un par de títulos menores, Streets fights y Wizards, para acometer el gran proyecto (coincidiendo con un renovado interés por la obra en aquel momento y una adaptación animada reciente de El Hobbit para TV), inicialmente previsto en dos partes, de The Lord of the rings, una adaptación que tenía en mente el director británico John Boorman en un solo film (!) y con personajes reales, pero este no llegó a un acuerdo con el propietario de los derechos, el productor Saul Zaentz.

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La verdad es que se habló mucho de este film cuando se estrenaron las películas de Jackson, y no puedo añadir mas, pues daría para otro artículo. Hay una gran división entre los detractores y defensores. En todo caso, creo que sus defectos vienen de la innecesaria mezcla de animaciones, que a veces resulta arcaica y tosca para 1978, del problema de comprimir libro y medio en una película de dos horas (lo que hace que la acción vaya a salto de mata y todo ocurra de forma muy rápida y esquemática, complicando las cosas a los que no hayan leído el libro) y la caracterización de algunos personajes claves del libro resulta discutible.

En el haber me gustaría mencionar que Peter Jackson, que afirma desconocer la adaptación de Bakshi, creo que miente, pues se inspira descaradamente en ella en muchos momentos, como en el aspecto de los jinetes negros (no en el de los Hobbits, más fiel en la animación), en la utilización de un prólogo introductorio o en la supresión de los mismos pasajes del texto en ambos casos. Hay que destacar también de la versión de Bakshi la fidelidad a la novela y lo impactante de algunas secuencias.

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El Señor de los Anillos resultó un fracaso mas relativo que real, ya que tuvo cierto éxito, pero los productores esperaban un impacto mucho mayor, en atención a la inversión realizada. Así que El Retorno del Rey acabó adaptándose dos años después con los mismos productores, pero en las manos de Jules Bass y Harry Rankin, comenzando la trama donde había acabado la anterior y enfocando el argumento a un público infantil, que la deja como una curiosidad casi desconocida incluso para los seguidores de Tolkien.

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Despues de esto llegó otro titulo destacable aunque a nivel minoritario, American Pop, en 1981, que narraba la evolución de varias generaciones de una familia de músicos, y que incluía en la banda sonora temas que iban, entre otros, de Gershwin a Herbie Hancock, Bob Dylan, Jimi Hendrix, The Velvet Underground o The Doors.

Posteriormente, con Tygra, hielo y fuego (1983) trataba de seguir la pista perdida de El Señor de los Anillos, mezclada con la épica de cómics como Conan (de hecho, se hizo en colaboración con el dibujante Frank Frazetta, autor de numerosas viñetas fantásticas), en la que un héroe debe salvar a una princesa de un malvado que puede dominar el hielo.

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A mi juicio, Tygra... supuso el canto de cisne del mejor Bakshi, ya que se enfrascó en una serie de productos menores, y el fracaso de Cool World (1991), planteada como una especie de versión adulta de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Who framed Rogger Rabbit, dirigida por Robert Zemeckis en 1988) y que no funcionó comercialmente ni artisticamente, relegó de forma definitiva al dibujante y realizador a un segundo plano.

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Durante los últimos años, Bakshi ha seguido haciendo algunas cosas poco relevantes, como guionista y productor para la cadena HBO, pero valga este texto para reivindicar parte de la obra de este autor, que sin ser un Miyazaki, merece una cierta reivindicación de sus creaciones, todo lo contrario de lo que ocurre.

sábado, 8 de noviembre de 2008

ALMAS DE METAL (1973)

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Estos últimos días nos ha sorprendido la noticia del fallecimiento de Michael Crichton (1942-2008), doctor en medicina, escritor, guionista y director de cine. Y como pensaba dedicarle antes o después un espacio a esta película, he pensado que era una buena idea hacerlo ahora, a modo de recordatorio de su creador.

Si bien la trayectoria de Crichton se ha movido casi siempre en todas sus facetas en ámbitos multitudinarios (es autor de las novelas, y en la mayoría de casos, también del guión, de La amenaza de Andrómeda, El Hombre Terminal, El gran asalto al tren, Esfera, Congo, Twister, El guerrero nº 13, Parque Jurásico o Sol Naciente, y director de películas como la que hoy nos ocupa o Coma) los resultados a nivel cualitativo no han sido, en la mayoria de los casos, brillantes.

Sin embargo, creo que Westworld (título original del film que comento) puede ser una excepción, pues sin ser una obra maestra y habiendo perdido algo con los años, me parece un producto recuperable e interesante, precedente claro de impactantes éxitos de la ciencia ficción ochentera, como la saga Terminator e incluso otra entretenida película dirigida por el propio Crichton, Runaway brigada especial (1984) con Tom Selleck y un divertido Gene Simmons, miembro del grupo Kiss, haciendo de malvado.

En Almas de metal, encontramos en cierto modo un precedente de lo que luego veremos en la saga jurásica, ya que la acción se sitúa en una especie de parque temático (en época futura, creo recordar, pese a las arcaicas pantallas monocromáticas de los ordenadores que se utilizan, que además funcionan con cinta) en la que se representan 3 etapas históricas: Imperio Romano, Edad Media y el Oeste Americano (¿es casual que sean los momentos mas representados por la industria de Hollywood?, ¿tal vez una metáfora de Crichton?), poblados por robots idénticos a los humanos, excepto un defecto en las manos que los diferencia.

Estos cyborgs están programados para obedecer en todo a los humanos; por ejemplo, en la zona del Western se programan incluso duelos con revólveres, donde la principal atracción es un autómata conocido como El Pistolero (interpretado por un excelente Yul Brynner, en una de sus pocas incursiones en el género fantástico), y en el que las personas siempre deben ganar.
Pero a lo largo de la película vamos comprobando que no es oro todo lo que reluce: poco a poco se van produciendo pequeños fallos donde todo se suponía que era perfecto, y los robots empiezan a rebelarse. En un duelo en la zona medieval, un visitante resulta muerto, y tras ello, los técnicos deciden cortar el suministro.

Entretanto, los dos protagonistas, interpretados por el posteriormente director Richard Benjamin y por James Brolin, son ajenos a lo que ocurre, ya que han tenido una pelea y se han emborrachado. Al despertar, el personaje de Brolin, que desconoce el cambio producido, reta a un duelo al Pistolero, con las fatales lógicas consecuencias, y a partir de ahí se produce una persecución al amigo superviviente a través del parque desierto, lleno de cadáveres de visitantes y robots desconectados, en la que el cyborg se muestra incansable y casi invulnerable.

Aún con sus defectos, se trata seguramente de uno de los mayores aciertos de Crichton, tanto en el texto como detrás de la cámara, y dio lugar a una secuela, Almas de Metal 2 (Futureworld, 1976) dirigida por Richard T. Heffron y sin Crichton tampoco en el guión, manteniendo diferencias argumentales con la original, pese a transcurrir en el mismo y ahora reconstruido parque y contar con una pequeña aparición de Brynner, resultando esta segunda parte un producto curioso (con la presencia de Peter Fonda, por ejemplo) pero con un corte casi telefílmico, y tan intrascendente como olvidable (y olvidada).